DAME UNA CRUSH


Ese era un pedido de mi niñez.

Una Crush, heladita, en su tamaño individual (en esa época no había otro), en su reconocible botella color ámbar oscuro, de vidrio transparente, con rayitas en relieve en el mismo vidrio, escondía la sorpresa de llevar dentro como pequeñísimas partículas que le daban realismo al líquido sabor a naranjas. Le agregaban una especie de “textura” que lo hacía más “de fruta”.

Recuerdo una visita, cuando era chico, del colegio, a la fábrica que embotellaba la bebida y que quedaba, la estoy viendo, en la Av. República de Panamá. Allí nos mostraron la línea de producción y en un momento vimos que al líquido le agregaban una especie de polvo, que nos explicaron, eran las “partículas” de naranja, que seguramente deshidratadas, se “inflaban” un poco al contacto con la humedad. Fue una desilusión y un secreto.

Una desilusión porque aprendí que la gaseosa era “sintética” o como se llamara a eso entonces: agua, azúcar, acidulante, colorante, saborizante,  “partículas de naranja”, gas y supongo que nada más. Hoy lo deduzco así, pero entonces el “jugo” que contenía la bebida, demostraba ser “pura ñanga” o sea, ser nada.

Fue un secreto, porque para un chico descubrir eso, era como haber encontrado algo fantástico y que callaría hasta que dijera: “Yo sé cómo hacen la gaseosa. No tiene naranjas… Lo que sentimos en la bosa y se ve en el líquido, viene en polvo, en unos saquitos blancos y se infla adentro… ¡Lo he visto yo mismo!”

Resultaba fantástico “descubrir” esas cosas y poder, con el aplomo que da la experiencia vivida, contarlo frente a incrédulos y asombrados.

Vino después el tamaño más grande con un poquito más de bebida, con otra forma y de vidrio blanco, transparente. Ya no estaba el color ámbar que “protegía de la luz el delicado sabor de la fruta”. Ahora sí, lo “sintético” era aceptado, no había el protector color ámbar y los vestigios de “naranja” habían desaparecido. Todavía se encontraban las botellas originales, pero eran escasas.

En el “Chino Perico”, la bodega que quedaba en la esquina de San Martín y una calle cuyo nombre no recuerdo, varias veces, los amigo vimos a una chica rubia, con trenzas,  que llegaba en su bicicleta y pedía una “Crush”. Así la llamamos desde entonces y siempre sería en adelante “La Crush”.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

2 comentarios en “DAME UNA CRUSH”

  1. Me traes hermosos recuerdos … mi padre trabajaba allí, y aún tengo en mi memoria mis paseos por la planta cuando a veces los sábados me llevaba ” a su trabajo” . Era impresionante ver todo el recorrido de las botellas, que subían y bajaban en enormes máquinas y el olor a químico nunca se borró de mi memoria. En la época que tú pedías tu Crush , Alicia tu mujer y yo jugabamos en mi casa de la Avenida Brasil con el camioncito lleno de botellitas de Crush que mi padre me regaló, ella siempre se acuerda de eso …ahora lo comparto contigo , dile que te lo cuente…

  2. ¡Claro que sí, Nora!
    Es de veras impresionante ver las líneas de embotellamiento, especialmente para un niño. Se siente uno “detrás de la magia” o espiando por una cortina.
    ¡Qué maravilla vivir y poder recordarlo!

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