ROMA Y CARTAGO


 

Espero  que esta vez el título no confunda y alguien me llene de insultos, porque no era lo que esperaba encontrar. Por si acaso, este post tiene que ver con mi época de colegio de jesuitas y una competencia escolar que se me quedaría grabada para siempre.

Roma y Cartago. Dos nombres que estaban, cada uno a un  lado de la clase, en la pared que tenía la pizarra, en unas plaquitas esmaltadas en blanco con letras negras. Significaba que pertenecías a uno de los dos bandos con nombres de ciudades célebres. Significaba competencia en todo terreno y estoy viendo las banderas de cada uno, roja la de Roma y Azul la de Cartago. No sé por qué extraño sentimiento, a mí me parecía mejor ser de Roma.

En el colegio, la competencia estaba presente siempre, con los “Trofeos de Estudios”, los “Concursos-exámenes”, los “Pasos”  y tantas otras formas de demostrar en público y en privado, que uno sí podía. Roma y Cartago fueron mi primer e importante encuentro consciente con la competencia escolar y la que vendría después en la vida.

Una vez por semana se sumaban los puntos obtenidos y la facción ganadora, en público, “humillaba” a la bandera contraria, significando el triunfo. Esto se hacía delante de toda la clase, atenta y una bandera era “pisada” por la otra. Tengo en la memoria la impresión que me causaba esa ceremonia, porque sabía que la bandera vencida era convertida en rehén del ganador, colocándoselas las dos, una de cabeza, al frente de todos.

Estamos hablando de una época en que los nombres eran solo eso y todavía no habíamos estudiado su protagonismo en la Historia Universal. Sin embargo era un modo de acicatear nuestro conocimiento y la inquietud por averiguar. Después profundizaríamos, pero una primera lección aprendida era sobre la existencia de dos antagonistas.

Hoy que sé un poco más de Aníbal Barca y de una Cartago poderosa y de los Escipiones y sus conquistas inmensas, de las guerras de ambos y de las enseñanzas que su existencia y accionar nos legaron, no puedo menos que sorprenderme de una tradición educativa, que llevaba a pequeños es colares la necesidad de tomar partido luchando y que valían los estudios y el deporte para ello.

Roma y Cartago: dos nombres ligados a mi historia personal y que al principio se materializaron en dos plaquitas, dos banderas y una ceremonia. Dos nombres con los que aprendí al pasar los años, que quien no conoce la Historia está condenado a repetirla.