nieta universitaria


Hoy, Daniela rindió su examen en la universidad San Ignacio de Loyola e ingresó a lo que a ella le gusta : gastronomía.

Esto debería bastar, pero para un abuelo, cuya primera nieta ya es universitaria, no sólo es un orgullo sino algo que produce una extraña sensación de satisfacción. Debe ser porque además del amor, ha logrado hacer algo que yo ni siquiera intenté. Es cierto que di examen e ingresé hace un montón de tiempo a la Escuela Superior de RR..PP y Turismo del Perú, sin embargo al año de estar allí me retiré. Alicia, mi esposa y también su abuela, sí tiene título de “Artista Plástico” emitido por la Pontificia Universidad Católica del Perú luego de cursar seis años y título también de teatro, pues estudió tres años en el TUC, donde la conocí.

Por eso es la sensación de satisfacción que me empezó a llenar a las tres de esta tarde y que comparto con Alicia. Porque sé que únicamente la educación salvará al Perú. Porque creo que es el modo más sólido de alcanzar metas. Porque me “enseñé” yo mismo y los avances, retrocesos y paradas consiguientes, las múltiples equivocaciones que tuve en esta vida profesional, se hubieran abreviado mucho con una educación regular, que no seguí por no pensarlo más. No lo hice formalmente, porque como muchos preferí trabajar lo más rápidamente posible. Aún recuerdo la sorpresa de mi padre, cuando le pedí “emanciparme” (alcanzar la mayoría de edad a los 18 años, en lugar de hacerlo normalmente a los 21). Me preguntó el por qué y yo supongo que le respondí que era para trabajar. No lo entendía,  si como me dijo, lo tenía todo en ese momento. ¿Para qué es que quería trabajar (en lugar de estudiar)?  Ante la insistencia, accedió a mi “emancipación”. Así empezó mi vida laboral. En ese momento sentí que empezaba mi vida, lo cual era cierto, pero poniéndome yo mismo en desventaja. Han pasado los años y nunca sentí necesitar un título universitario. Pero tuve que trabajar el doble para llenar lagunas y huecos del saber. Aprendí duramente por el método de acierto y error. En muchos, muchísimos casos eché en falta conocimientos que tuve la suerte de adquirir más o menos a tiempo.

Por eso me siento orgulloso de Daniela.

Como le dije esta tarde, ha logrado algo que yo no conseguí. Ha dado un paso muy importante para construir su futuro. La vida me ha llevado a enseñar lo que aprendí en un par de universidades y varios institutos de educación superior. Y sé, positivamente, que la educación es el camino correcto. Un camino difícil, sin atajos, pero que lleva a donde uno quiere ir si se es, como debe ser, el mejor.

Daniela terminará en diciembre su colegio y en marzo empezará cerrando un capítulo de la vida y abriendo hermoso, otro que seguramente, disfrutará. Me alegro por ella. Me alegro por un Perú que necesita de personas educadas.