SPAM


 

 

A veces nos irrita que la bandeja de mensajes del correo esté llena.

Decimos que no tenemos tiempo de leer tanto y tenemos razón. Esta vía es usada desde amigos y personas que nos quieren bien, hasta delincuentes que tratan de estafarnos y gente que sabe que la curiosidad es una característica humana y que cree que excitándola, leeremos el envío y de pronto compraremos lo que anuncian. Muchas otras veces nos llega información que voluntariamente hemos pedido. El hecho es que a veces los correos que uno no desea leer vienen en tal cantidad, que el tiempo que tomamos en eliminarlos es grande, A pesar de todo lo inventado y que abrevia su destrucción, el famoso “spam” desborda cualquier límite e irrita a cualquier persona.

No creo que exista una receta que cure el mal. Seguiremos recibiendo correos que no deseamos, despachado por gente que no conocemos y que por lo general no nos conoce tampoco.

Yo miro mucho de eso como esperanzas, antes que retorcidas intenciones. Esperanza de vender más, esperanza de agradar, esperanza de ser escuchado. A veces pienso que si cada mensaje estuviera dentro de una botella y esta fuera tirada al mar, nuestras playas desaparecerían bajo una inmensidad de vidrio que se extendería hacia el horizonte, brillando a la luz del sol.

Habría un mar… ¡de botellas! El agua habría desaparecido de nuestra vista y cada vez que rescatáramos una botella para abrirla y leer el mensaje, el acomodo automático de estas, haría que su lugar fuese inmediatamente ocupado. Si fuéramos recicladores, tendríamos vidrio y papel en cantidad para reciclar. Pero desgraciadamente la realidad es que no hay nada físico en esto y solo el pasar del tiempo en los relojes nos avisa que los minutos y las horas se consumen. Que el tiempo pasa y que se nos terminará.

El “spam” continuará sin parar, porque nuevas generaciones de “spammers” reemplazarán a las que desaparezcan. Alguna vez leí en algún sitio, que todo lo enviado a Internet, queda. Esto quiere decir que los billones de trillones (por poner una cifra con muchos ceros) de mensajes desechados, estarán en algún lugar. Y si nada se crea ni se destruye y solo se transforma… ¿qué pasará con esas esperanzas lanzadas al océano de Internet? A veces, de pronto inútilmente, me pongo a pensar. Han de haber respuestas racionales, pero es fantástico el poder elucubrar sobre ello. Por  lo pronto, prefiero hacerlo que enviar “spam”.