TRAJES VACÍOS


Con un título similar, pero cambiando trajes por ternos, escribí hace mucho tiempo un breve artículo que por supuesto no publiqué en ningún sitio, porque en ese entonces trabajaba como Secretario de Comunicaciones de la PCM, del gobierno del Presidente Alejandro Toledo y mi contrato  impedía hacer uso de la información acopiada, en beneficio propio, por un número determinado de años. Ahora trataré de rehacerlo, acordándome de las cosas agregando algo, fruto de la distancia.

Cuando un congresista, ministro o alguien con poder lo pierde, queda lo que podríamos llamar un “traje vacío”. Es decir, la funda que ya no tiene mayor contenido. El Poder, con “P” mayúscula ha abandonado a la persona, haciendo que esta quede reducida a su expresión normal. Atrás quedan las circulinas y  las motocicletas oficiales que abren paso, apuran y aceleran tramos. Lejos están las palmadas en el hombro y los “querido cholito”, “pase usted” y “es gracia que espero alcanzar por su intermedio”. De pronto, todo se acaba y la lisonja se convierte en indiferencia. He visto alguna vez una tarjeta que presentaba a su propietario como “ex diputado” y me pareció triste. No las he visto de ex médicos, ex ingenieros, ex curas ni ex putas. Es reconocer que se fue algo que ya no se es. Es decirles a todos que se sigue viviendo de las “glorias pasadas”, que se está en el ayer y no en el presente.

¡Trajes vacíos! Como las conchas de los caracoles muertos que son el recuerdo de algo que vivió. Imágenes archivadas de un poder ejercido o no pero latente, que únicamente queda en las imágenes desvaídas de una fotografía…

Es triste comprobar que aunque los poderosos no se resignen a no serlo, la volatilidad del poder es inmensa y desaparece, por lo general, sin dejar huella.

 Le sucede lo mismo al guachimán que de día ejerce su cuota de poder delegado o asumido e impide la entrada a algún lugar, solicita documentos decidiendo y llegada la noche se convierte en un anónimo pasajero de microbús rumbo a su domicilio en un barrio marginal.

“Hacerse esperar” es una de las señales de tener poder. No significa necesariamente que uno esté ocupado, sino que mientras avanza el reloj y se usa y abusa del tiempo del otro, más  “importante” se es.

“Cuotas de poder” se llaman.  Ejercida por la empleada que debe estar atendiendo en una ventanilla y no lo hace porque está pintándose las uñas a vista y paciencia de todos. La ejerce quien come despreocupadamente mientras al frente de su escritorio alguien espera ver resueltos sus reclamos. La ejerce el que se hace llamar “doctor” por darse importancia y nivel ninguneando a los demás. Cuando esas partículas de poder desaparecen, los individuos retornan a lo que alguien llamó “su triste realidad”.