UN REGALO


Hoy me adelanté.

Me di cuenta cuando felicité a mi amigo Lucho, por su cumpleaños. Temprano lo hice a través del NEXTEL y escuché su voz, entre la sorpresa y la resignación, de quien sabe que estás equivocado. Al reiterar mi saludo, me dijo que un abrazo era siempre bien recibido, pero que su cumpleaños era mañana, que hoy era once. Entonces me di cuenta del error y dije algo así como “Te felicito ahora para no olvidarme”. En realidad no me podría olvidar. Lo fastidiábamos de chicos por cumplir años el “Día de la Raza”, queriendo decir que era un concentrado de “razudo”, suave palabra que reemplazaba a “conchudo”, demasiado fuerte para nosotros entonces, me figuro. Nada más alejado de la realidad, pero sabemos que los chicos siempre encuentran algo de qué agarrarse.

Volviendo al tema de la llamada, al terminar, me di cuenta que me había adelantado. Para mí era el 12 de octubre y hasta había cambiado la fecha de mi reloj, que me parecía un día atrasado. Cavilando  en las posibles implicaciones de mi adelanto, lo primero que pensé es que tenía un día menos de edad y disponía, en teoría, de 24 horas adicionales en mi calendario. De pronto, el tiempo cuya monotonía rompen solo las visitas de amigos y alguna salida esporádica, tuvo una importancia vital. Y pensé en qué haría en esas 24 horas que mi error me había regalado. Así es que decidí no gastarlas de inmediato y dosificar los minutos en algo que realmente quisiera.

Ahora bien, ¿Qué quiero? De entrada no lo sé. Pasará el tiempo y voy a ir utilizando mi regalo, tratando de hacerlo lo mejor posible.

El hecho ha resultado, como cuando era niño, y mis padres tenían la costumbre de hacerme un regalo en sus cumpleaños y el de mis hermanos. Como era el menor, con 12 años de diferencia con Panchín, que me antecedía, lo hacían, de seguro, para que yo no me sintiera aparte en los festejos. Era un modo de decir que el cumpleaños de alguien cercano, era también mío. Por eso hoy, con este regalo entre las manos, agradezco a mi amigo Lucho por su generosidad y mi obsequio será un gran abrazo, de esos que solo se dan entre amigos entrañables, que se acompañan de alguna manera porque se conocen desde que tenían cinco años.