HOYOS EN MERCURIO


Se descubrieron hoyos extraños en Mercurio

Octubre 31, 2011: La sonda espacial MESSENGER (MErcury Surface, Space ENvironment, GEochemistry and Ranging, en idioma inglés, o Superficie, Ambiente Espacial, Geoquímica y Cálculo de la Distancia de Mercurio, en idioma español), de la NASA, ha descubierto hoyos extraños en la superficie de Mercurio. Imágenes tomadas desde la órbita de MESSENGER revelan miles de depresiones peculiares ubicadas a una variedad de longitudes y latitudes, y cuyo tamaño varía desde los 18 metros (60 pies) a más de un kilómetro y medio (una milla, aproximadamente) de diámetro y de 18 a 37 metros (de 60 a 120 pies) de profundidad. Nadie sabe cómo llegaron allí.

Hoy recibí esta noticia en mi correo. Mucho más extensa y con fotografías, lo que la hace más llamativa aún. Simplemente pensar en la inmensidad del espacio y lo lejos que puede quedar Mercurio, bastan para llamar al asombro y que un cierto escalofrío recorra la columna vertebral.

De pronto se da uno cuenta que la vulgarización de los viajes interplanetarios y las series como “Star Trek” y “Star Wars”, nos dicen muchas cosas que si nos ponemos a pensar son totalmente humanas. Aunque los caracteres sean los de “Mr. Spock” o “R2D2” (el popular “Arturito” castellanizado), son básicamente ideados apoyándose en la psicología de la especie humana. Difícilmente podremos imaginar nada que no tenga que ver con ella cuando tratamos de describir sujetos, por más que estos sean de otra galaxia o estén construidos como robots.

El genial Ray Bradbury traslada a Marte al hombre y todo lo que viene con él. Los mismos marcianos, invisibles, cuando se materializan, para que podamos entenderlos, toman sucesivamente formas humanas (“El Marciano”). Se nos ponen al alcance.

Y he aquí que tenemos noticia de “hoyos” en la superficie de Mercurio. Miles de depresiones en diferentes lugares con tamaños variables. Claro, en las fotografías del Messenger tomadas desde lo alto, vemos una sucesión de curiosos “trazados” que al ampliarse demuestran ser unos huecos.

¿Naturales o hechos por alguien? De momento la pregunta tiene varias respuestas y casi ninguna que sea definitiva. Pronto, de seguro, nos estarán hablando de “civilizaciones extraterrestres” y la posibilidad de que alguien “vivo” hiciera los agujeros. También se dirá que son depresiones naturales, producidas por fuerzas variadas y reacciones normales. Todo desde el punto de vista humano, siguiendo una lógica tradicional y reacciones “normales”. También pensábamos que no podía haber vida en atmósferas sin oxígeno o inmensamente calientes o venenosas. Ahora sabemos que no es así y los ejemplos están aquí, en la Tierra, no a años luz de ella.

Intuimos lo que hay más allá. Recibimos fotografías, enviamos sondas y exploramos.

Es lo que vemos o colegimos. ¿Y si las cosas no fueran así? ¿Y si alguien estuviera jugando de manera que no nos enteráramos porque no podemos comprender con nuestras mentes humanas, bastante habituadas a pensar con medidas humanas?

A veces uno duda de lo que ve. Muchas veces solo duda. La gran pregunta es: “¿Cómo será, pues?

BIEN PUESTOS


Hay poca gente que dice lo que piensa, es coherente actuando de esa manera y sabe atenerse a las consecuencias. No es cómoda la verdad, porque siempre existirá alguna arista que moleste y cuando se enfrenta a lo que es cierto, se trata de hallar justificaciones para no mirar de hito en hito.

A César Hildebrandt lo sigo desde hace muchos años. Incluso, alguna vez, hace tiempo, estuve con su editor y con él, para ver un tema de diseño. Supongo que el asunto no prosperaría y allí quedó mi acercamiento. No debería acordarse de una reunión fugaz.

Pero a lo largo del tiempo he seguido leyendo lo que escribe, escuchándolo cuando ha tenido audio, asombrándome siempre de su capacidad para decir exactamente lo que es preciso en ese momento, con absoluta claridad, con total dominio del idioma y un decir pan al pan y vino al vino, como no se estila hacer casi nunca entre los periodistas. Escribir para él es una pasión, estar informado es un deber y leerlo significa saber que de antemano, su opinión no sólo es válida, formadora e importante, sino que la lleva hasta sus últimas consecuencias.

Dirán que es un odre inflado de orgullo y que parece no admitir el disenso con él. He oído cantidad de críticas sobre su modo de ser, pero ninguna voz ha dicho que es deshonesto.

Eso es bastante en una sociedad como la nuestra donde “tanto tienes, tanto vales” o en un país en el cual la honestidad  real es vista como un demérito, digno de tarados.

Leo “Hildebrandt en sus trece” y sé que cada viernes me voy a encontrar con cosas que nadie ve, con denuncias que nadie se atreve a hacer y con un periodismo digno de tal nombre, lejos de la prensa que busca vender divirtiendo y a veces mentir a cambio de prebendas. El periodismo tal como debe ser y lo entiende César Hildebrandt.

Con esto no quiero que se piense que lo que escribo tiene el menor atisbo de lisonja. En un mundo donde “debérsela a alguien”  es lo más común y “pagar favores”  algo normal, tener la entereza de él para decir “¡No!”  a quien tenga que escucharlo, es raro, casi único. Tal vez sea por su estilo mordaz, vitriólico, sin dejar de ser elegante y correcto en las formas, evitando circunloquios, que no gusta a quienes quieren “tener la sartén por el mango” en toda circunstancia. Tal vez por eso no tiene lugar en ningún medio sino el que se da en el propio. Es que leerlo y leer su periódico es asomarse a ese Perú desconocido, pero en realidad tan conocido donde el “alias” vale lo que un nombre y muchas veces la honra lo que un clip de escritorio.

Leer a César Hildebrandt es un deber. Estar de acuerdo con él es mirar a las cosas de frente y sin “recutecus”. Por eso vale tanto.

Suena huachafoso, pero es “la voz que clama en el desierto”. Lo hace desde tiempo atrás. El Perú debería hacerle caso.

DOMINGO DE SOL.


Hoy es domingo y en Lima aparece el sol. Esto quiere decir, creo, que el verano está tratando de entrar, de puntillas, poco a poco. Seguramente cuando se instale, nos va a obsequiar con unos calorones de órdago. Por ahora son escarceos, como este, en que amaneció temprano, con luz entrando por las ventanas y haciendo alegre el desenvolverse matinal.

Una revisión rápida a los periódicos que trae el domingo y encontrar que en uno, mientras un par de columnistas analizan el caso prensa-Castillo Rojo, pidiendo a esta un “mea culpa” por sus tremendos excesos, en otra página, con gran despliegue, se habla sobre el cuerpo encontrado por un rescatista en el cañón del Colca, hasta el cual van los responsables de dilucidar judicialmente el caso. Es decir, que a pesar de sus declaraciones, está mirándose la paja en el ojo ajeno. Claro, que en este caso, la paja es también una viga de madera, no solo visible, sino inocultable.

¿Qué nos está pasando?

Cierto es que la prensa tiene responsabilidad en este y otros muchos casos (Chehade, los congresistas corruptos, etc.) pero nosotros alimentamos el hambre de rating, leyendo, espectando u oyendo. Porque una cosa son las noticias, el estar informado de lo que sucede y otra cosa es regodearse con el desmenuzamiento de vidas, honras, secretos y todo aquello que no contribuye sino a ensombrecer las cosas.

El ser humano quiere saber y cierta prensa toma esto como pretexto para aumentar sus cifras, ofreciendo, como se dice a veces, “carnecita para los leones”. No se trata de permanecer ignorantes en un mundo en el que las cosas se suceden. Uno es ver la basura y otro rebuscar en ella.

Se me dirá que a través de la prensa y sus descubrimientos, se hace un tipo de justicia. No lo creo así. Quienes juzgan son los jueces, que para eso tienen el mandato y la potestad entregados por la Nación. Pero cuando se toma un papel que no compete, lo mínimo que se está haciendo es equivocándose. Por eso me pregunto qué es lo que nos pasa…

A veces dan ganas de tomar la justicia en propias manos, como parece ser que era en el “Lejano Oeste” norteamericano. Las pistolas para condenar y los linchamientos, sean estos físicos o mediáticos para ajusticiar, son los recursos vedadamente extremos de gente que vive sin el amparo de ninguna ley. Que no es nuestro caso.

RUMBO A LOS LUCEROS


Hoy el e-mail me trajo la noticia que el Carlos había fallecido.

Un amigo y compañero de colegio más que va hacia los luceros, adelantándose a los que aquí quedamos haciéndole adiós con la mano y el corazón encogido de pena.

A pesar de que uno sabe que la vida es efímera y que tarde o temprano nos tocará partir, no nos resignamos a una ausencia física que tratamos de cubrir con el recuerdo de los mejores momentos.

El espíritu bromista de Carlos estará siempre presente entre nosotros, paseando su risa cachacienta entre las carpetas de un aula cualquiera del viejo colegio de la calle La Colmena. Estará en esas excursiones a donde la aventura nos llevaba y en las tardes  que esperaban el sonar de la última campana, para despedirnos del día de clases.

Ahora, con tantos años pasados  y con amigos que ya no podrán leer esto, recorro los instantes importantes de mi vida y me reafirmo en considerar al tiempo escolar como el que más me marcó e influyó en todo lo que vendría después.

Habernos conocido de chicos y caminar un buen trecho del sendero de la vida juntos, compartiendo los buenos y malos momentos, hace muy especiales a las personas como Carlos. Especiales, porque con el ejemplo me enseñaron que la amistad es mucho más que coincidir en un lugar. Es, como diría Ray Bradbury, citándolo fuera de contexto,  “una estación de buen tiempo”.

Ahora siento el dolor de haber perdido físicamente a un amigo, pero sé que el “Cabezón” está conmigo, me mira y pregunta que porqué tanto alboroto, si su viaje es normal.

El “vicio” que metías en clase, se está reproduciendo ahora, en tu honor, amigo.

 

CREO QUE NOS CANSAMOS


Cansancio. Eso es lo que creo que se siente al ver las noticias que salen del Congreso de la República. En vez de ser sobre leyes que el país necesita y que los ciudadanos esperan, es sobre personas (congresistas) y hechos que sería mejor olvidar, o que nunca debieron haber existido. . Los medios, de tanto en tanto y a veces aceleradamente, dan cuenta de asuntos delictivos o que lindan con el delito,protagonizados por “Padres” y “Madres” de la Patria, a tal extremo que supongo que  la señorita Patria preferirá la orfandad.

“Con esos amigo(a)s quien necesita enemigo(a)s”, o “Mejor sola que mal acompañada” debe estar pensando quien lleva por lema “Firme y feliz por la unión”. No es nada nuevo esto que escribo aquí, pero estoy seguro de interpretar a más de uno que se siente asqueado por sucesos y personajes que resultan dignos de un sainete de baja estofa, si no fuera que son hechos perpetrados por personajes que llegaron al Congreso, respaldados por las esperanzas de miles de personas que creyeron en un mejoramiento y en el cambio.

Cansancio, porque como se dice, “chiste repetido sale podrido” y ya nos hemos acostumbrado, lamentablemente, parece, a las tropelías que se cometen aprovechando la inmunidad y el poder. Se convierte la inmunidad en impunidad y el poder en un curioso “traductor” que todo parece explicarlo. Hoy son unos o unas y mañana de seguro aparecerán otras u otros. Ni la cárcel a los anteriores culpables, ni el descrédito que a veces el título de congresista conlleva, parecen amilanar o detener a estos delincuentes (porque eso son) llegados a través de las urnas para expoliar y engañar a los demás. Allí siguen, robando luz, formando parte de comisiones en las que no debían estar por conflicto estentóreo de intereses, ocultando información que escamotearon al JNE cuando mintieron omitiendo juicios abiertos en su contra, o utilizando a los bienes y empleados públicos como parte de su chacra personal. Hoy son el oro o mal habido o la pirateada de señales de TV. Antes fue engañar diciendo que se comía mucho pollo o “ganándose alguito” con el hurto de energía eléctrica. Mañana, el destino nos puede deparar lo más estrambótico. Dicen que “para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado” (y parece que alguien mintió diciendo que se había intoxicado con bacalao), pero las advertencias y frases populares y sabias, parecen caer en saco roto. Un “No se oye padre” dicho por distintas voces, asegura que a pesar de todo, los hechos se sucederán y los personajesw se multiplicarán.

Es una pena escribir sobre esto, cuando hay temas que deberían tener más importancia, pero las comisiones anti-corrupción, las “profundas investigaciones, caiga quien caiga” y toda esa colección de frases y títulos, serán palabras huecas, papel mojado, ante un modo de ser y actuar que parece haber llevado al lumpen a la Casa de las Leyes, creyendo que el lugar era una casa de citas.

UN REGALO


Hoy me adelanté.

Me di cuenta cuando felicité a mi amigo Lucho, por su cumpleaños. Temprano lo hice a través del NEXTEL y escuché su voz, entre la sorpresa y la resignación, de quien sabe que estás equivocado. Al reiterar mi saludo, me dijo que un abrazo era siempre bien recibido, pero que su cumpleaños era mañana, que hoy era once. Entonces me di cuenta del error y dije algo así como “Te felicito ahora para no olvidarme”. En realidad no me podría olvidar. Lo fastidiábamos de chicos por cumplir años el “Día de la Raza”, queriendo decir que era un concentrado de “razudo”, suave palabra que reemplazaba a “conchudo”, demasiado fuerte para nosotros entonces, me figuro. Nada más alejado de la realidad, pero sabemos que los chicos siempre encuentran algo de qué agarrarse.

Volviendo al tema de la llamada, al terminar, me di cuenta que me había adelantado. Para mí era el 12 de octubre y hasta había cambiado la fecha de mi reloj, que me parecía un día atrasado. Cavilando  en las posibles implicaciones de mi adelanto, lo primero que pensé es que tenía un día menos de edad y disponía, en teoría, de 24 horas adicionales en mi calendario. De pronto, el tiempo cuya monotonía rompen solo las visitas de amigos y alguna salida esporádica, tuvo una importancia vital. Y pensé en qué haría en esas 24 horas que mi error me había regalado. Así es que decidí no gastarlas de inmediato y dosificar los minutos en algo que realmente quisiera.

Ahora bien, ¿Qué quiero? De entrada no lo sé. Pasará el tiempo y voy a ir utilizando mi regalo, tratando de hacerlo lo mejor posible.

El hecho ha resultado, como cuando era niño, y mis padres tenían la costumbre de hacerme un regalo en sus cumpleaños y el de mis hermanos. Como era el menor, con 12 años de diferencia con Panchín, que me antecedía, lo hacían, de seguro, para que yo no me sintiera aparte en los festejos. Era un modo de decir que el cumpleaños de alguien cercano, era también mío. Por eso hoy, con este regalo entre las manos, agradezco a mi amigo Lucho por su generosidad y mi obsequio será un gran abrazo, de esos que solo se dan entre amigos entrañables, que se acompañan de alguna manera porque se conocen desde que tenían cinco años.