CLUB ES UNA PALABRA ANCHA


Ayer escuché la noticia y hoy, al ver el periódico, la confirmé: los asesinos disfrazados de hinchas futboleros, han vuelto a actuar nuevamente, victimando a un joven,  porque era del equipo contrario por el que ellos ” hinchaban” . Definitivamente “club” resulta ser una palabra muy ancha cuando se trata de clubes futbolísticos, por ejemplo. Muy ancha porque cobija de todo: desde los verdaderos integrantes, amantes del deporte, hasta dirigentes buenos y los corruptos, desde barristas exaltados, jugadores y técnicos, hasta asesinos no tan encubiertos. El club, una institución de la que dice Wikipedia: “Club es una sociedad compuesta por un número variable de personas, libremente asociadas, que se reúne como grupo en función de su coincidencia en gustos, aficiones u opiniones de todo tipo: artísticos, literarios, políticos, filantrópicos, deportivos, etc., o simplemente en sus deseos de relación social.”  Es una sociedad, pues, conformada por personas y como toda sociedad, además de sus reglas, usos y costumbres, tiene sus delincuentes. Unos roban, trampean y otros, matan. Todo en nombre del club, escudándose en su logotipo y haciendo creer que son una mayoría y que la constante es lo que ellos hacen. Nunca me gustó demasiado el fútbol, pero el devenir del tiempo, con los tristemente famosos “hooligans” ingleses y las no menos tristes “barras bravas”, han agregado razones para mi personal disgusto. No puede ser que la catarsis de un triunfo deportivo, o el demostrar estar a favor de un equipo, se convierta en una “Fuenteovejuna” donde nadie asume la responsabilidad, porque están todos involucrados. Cobardemente involucrados, diría.

Muere una persona a manos de delincuentes ocultos bajo el emblema de un club deportivo y por supuesto, se alzan voces y los medios encuentran en la noticia oportunidad para hacer negocios que implican aumento de ventas. Se escucha la palabra “indignación” por todas partes,  pero salvo declaraciones y alguna acción de identificación y búsqueda de los autores materiales, nadie parece hacer nada. El club y sus dirigentes, deslindan de inmediato resposabilidades. El hincha común y corriente niega ser así. Pero sin embargo, “alguien” permitió que esos tipos tuvieran cabida en un estadio, probablemente gratis, porque “formaban parte de la barra”. Y cuando las cosas suceden, con un saldo trágico, hay un bobo juego del gran bonetón, donde la culpa rebota sin tener un lugar donde detenerse.

Los vecinos del estadio Monumental se quejan de los destrozos que en sus casas causan las barras bravas, la policía destina cientos de efectivos a cuidar el evento y organiza la llegada separada de las bandas de desadaptados de ambos clubes, que “alientan” en lo que debería ser una competencia deportiva, y que fungen de hinchas. El saldo: un magro cotejo deportivo y un desorden mayúsculo con golpeados, heridos y en este caso un victimado, amén de lunas rotas, paredes pintadas y el amedrentamiento de ciudadanos. A esto se le llama fútbol.

Estoy seguro que mi post no será del agrado de la mayoría de quienes lo lean y seguramente pensarán que soy retrógado, tremendista o predicador de catástrofes. Sin embargo digo: ¿y si les mataran a un ser querido “en aras del deporte”?  Como sociedad total, los cambios van a venir (no soy pesimista), si vienen, muy lentamente. Pero hay que empezar ya. No es una excusa el decir que “siempre fue así”. Me niego a ello. Club, definitivamente, es una palabra muy ancha.