LA MÚSICA


En mi post anterior decía que ciertas canciones, cierta música es para mí la imagen de un amigo. Hoy, al leer lo escrito, otro querido compañero de colegio, que vive hace mucho tiempo en USA, me escribió tratando de adivinar a qué grupo vocal me refería. De pronto, surgió en mi memoria el nombre: “The Lettermen” y de inmediato le contesté diciéndoselo. Pasaron unos minutos y me envió por Internet tres links a Youtube de los “Lettermen”  y uno a una versión de “More” de Riz-Ortolani. En segundos volví a fines de los sesenta, a ese tiempo “feliz y despreocupado”, a decir de alguien.

Y así como a mí, estoy seguro que a multitudes de personas les pasa lo mismo. Cada acorde es un recuerdo y la canción completa más de una historia. Por eso, los temas musicales de película, si están bien conceptuados y ejecutados, son tan efectivos. ¿Alguien no recuerda los silbidos y la armónica de los ” spaghetti western” de Sergio Leone?

La música siempre ha acompañado y a veces dictado mis mejores y más tristes momentos. A mi madre la “veo” cada vez que escucho la sinfonía “Pastoral” de Beethoven, o si es Chopin al que oigo en alguna grabación. Así sucede con amigos y muchas personas que conozco. Cierta música me retrotrae a lugares y tiempos. Sucede lo mismo con los olores. Definitivamente nuestro cerebro opera una serie de conexiones, que no por conocidas resultan menos misteriosas. El hecho se da ¿Por qué sucede?

La magia opera siempre. Podrán darme todas las explicaciones científicas, que debe haberlas, pero para mí, siempre será magia. N0 me explico el fenómeno de otra manera.

Alguna vez dictando clases donde hablaba de percepción, tuve que tratar de explicar esto y creo que lo logré, pero el tema perdía toda su aura al ser explicado minuciosamente.  Era como ver a una chica linda corriendo y explicarla en fución de músculos, huesos, tendones y articulaciones en movimiento.

Me quedo con la chica linda corriendo.

Me pasa lo mismo con la música: si trato de explicarla en función de instrumentos, cuerdas y vientos, en forma de corcheas o semi corcheas, de los soplidos del trompetista o la habilidad de los dedos de un pianista, la música muere. Seguramente gana en explicaciones, pero pierde en eso que se llama arte: en la emoción estética que se produce y que me lleva a otras cosas, jalando hilos invisibles.

Escribo esto porque he abandonado las ganas de explicar algo cuya explicación se hace, sí, pero a costa de descubrir que lo que lo hace hacer “tick” a un reloj son piezas, que por más que combinen maravillosamente son eso, piezas. Lo que vale es el “tick” que en los relojes analógicos y mecánicos, significaba la hora.