CONTENTO COMO NIÑO CON CARAMELOS.


Escribo estrenando y eso me pone muy contento.

Estreno un CPU potente, una pantalla grande y delgadita, un nuevo programa Windows y como en todo estreno (por lo menos teatral) hay cosas todavía por ajustar y debo ajustarme yo también a ciertas cosas.

Tengo que acostumbrarme al teclado, en el que ciertas teclas cambian de posición y hay otras nuevas con referencia al que tiene la laptop en que escribía. Es bastante más sensible y aunque supongo que eso se puede regular, no lo haré para forzarme a andar un nuevo camino. No importa que tenga que leer con cuidado y corregir al máximo, porque no llego a ver perfectamente.

El nuevo programa guarda muchas sorpresas para mí, que estoy seguro iré descubriendo poco a poco, solo o con la ayuda de alguien. A veces, la multiplicidad de alternativas lo confunde a uno. Esto me recuerda un chiste viejo que es más o menos así: Un hombre se acerca a un kiosko de ventas en la calle y pide una cajetilla de cigarrillos. El dependiente le pregunta:”¿Rubios o negros?” “Rubios”, responde.  “¿De menta, de mentol o normales?” “Normales” “¿Con filtro o sin filtro?”  “Con filtro” ” responde el comprador. ¿Filtro blanco o de corcho?” La respuesta cansada es: “De corcho” “¿Recesado o normal?” “¡Normal!” “¿Low tar o high tar?” “Low tar” “¿Cajetilla blanda o cajetilla dura?” “¡Dura!” “¿Flip top o de correr?” “¡Flip top!” “¿Cajetilla de veinte o de diez…?” El comprador nervioso y desalentado le dice: “Señor, deme mejor un caramelo” El vendedor impertérrito le dice:  “¿De menta o de mentol?”…. …. …. Opciones, que le dicen. Estoy seguro que sucede lo mismo cuando se está frente a una góndola que exhibe shampo0o en un supermercado. Decisiones que hay que tomar y que a veces no afectan el propio destino o el ajeno y a veces sí. No se sabe bien.

Por ejemplo, ayer traté de escribir este post en mi nuevo programa Word y en algún momento, indiqué algo que en vez de resaltar lo escrito, lo convirtió en letra italizada. Por más que traté, no pude desactivar la opción. Debe ser sencillo, pero no pude hacerlo. Mis ganas de escribir se estrellaron contra algo tan -seguramente- fácil  y desistí. Hoy, trato de nuevo, escribiendo directamente en el blog y no pegando mi texto escrito en Word que pegaba y después guardaba en archivo. Lo que me lleva a pensar que gracias a una opción de WordPress, estoy escribiendo y posiblemente podrán leer esto. ¡En fin!

Decía que esto es nuevo y tengo que aprender. A veces me cuesta, porque no veo bien (los tres infartos cerebrales que me bajaron y deformaron la visión, pues) y me canso, pero sigo tratando. Dice el refrán que “el perro viejo no aprende trucos nuevos…” Felizmente no soy un perro.

Esta es una temporada de cambios, porque hoy se cumplen tres semanas de haberme cambiado de la casa en que habité treinta y ocho años y medio, a un departamento, reduciendo todo, botado mucho y ajustado bastante.

Más de un año enfermo, cambio de ubicación y computadora nueva significan un montón de cambios para mis sesenta y cuatro años. Hace un  tiempito tuve que volver a hablar inteligiblemente, a comer, vestirme y ducharme solo. Descifrar una lectura que me era esquiva y ajustarme (es un decir) a los cambios de luz. Pero a veces pienso en todas esas personas que están inválidas o enfrentando a una muerte cierta y a veces en lentas y dolorosas agonías y me digo que no tengo nada en comparación y que cualquier pequeño esfuerzo  cambia mi situación (aunque yo no lo note de inmediato). En verdad, pienso en que tengo mucha suerte y que Dios vela por mi siempre.

No es mi intención cambiar de nombre a este post, pero tal vez debería haberlo titulado “CAMBIOS”.