TIERRA DE NADIE


 

A mi segunda hija le robaron yendo al aeropuerto.

En una luz roja, un ladrón la distrajo, mientras el otro rompía la ventanilla del taxi que la llevaba y se metió por esta,  manoteando lo que hubiera en el piso, del asiento del pasajero donde iba ella. El ladrón se llevó su cartera que contenía entre otras cosas, su pasaporte, su pasaje aéreo a Buenos Aires, dinero y documentos. Por más que el taxista quiso alcanzarlos, huyeron contra el tráfico en un taxi que al parecer los esperaba. Quienes vieron a los asaltantes dijeron que tenían armas de fuego. Consumado el robo, con pequeños cortes en las manos y un poco más tranquila, Paloma y el amigo taxista hicieron la denuncia en la comisaría y mi hija regresó a casa, sin poder viajar; el taxista quedó sin luna en la ventanilla del pasajero, los ladrones se llevaron un botín de documentos y algo de dinero, quedó puesta la denuncia y el caso se cerró. Un robo más en nuestra Lima, felizmente sin heridas graves o alguna muerte.

“Un robo más y felizmente…” palabras que expresan resignación y brotan con verdadera indignación. ¿Qué hacer? 

La policía hace lo que puede con lo que le dan. Pocos policías, poco entrenados y escasez de recursos: una realidad que recorre peligrosamente en forma transversal todos los barrios, todas las esquinas, todas las calles.

Todo el mundo dice que la cosa va a mejorar. Que hay que darle tiempo para que lo haga.

Pero es un problema mayúsculo que involucra, desde el policía, al juez, al INPE, a las desavisadas víctimas y a muchas instancias y personajes más. Las cárceles están hacinadas y absolutamente descontroladas. Todo el sistema de seguridad en la ciudad está patas arriba. Nadie parece dar pie con bola, a nadie parece importarle mucho y la seguridad resulta ser “la quinta rueda del coche”.

¿Estamos esperando que Lima se convierta de veras en una ciudad del salvaje oeste donde todos andan armados y la justicia se hace por mano propia?  

Este es un tema que ha sido largamente tratado, muchas veces pospuesto y las soluciones que se han dado, han sido bastante más mediáticas que otra cosa.

Hay patrulleros (pocos) pero no hay gasolina y la que hay se evapora entre negociados y trampas que día a día engrosan billeteras. Así pasa con casi todo.

Lima es ahora una ciudad desguarnecida, una verdadera “tierra de nadie” donde el hampa se pasea y ejerce su “oficio” sin ningún problema.

No me gustaría estar en los zapatos del Ministro del Interior. Ni de quienes tienen responsabilidad en este asunto. La tarea es inmensa y urgente. Personas como las pequeñas Romina y la hija del Congresista Reggiardo, no pueden seguir siendo víctimas de una nefasta combinación que está destrozando la ciudad. Usted o yo podemos ser los siguientes. ¿El tema es esperar sentados?