ESPERANZA


 

Durante todo este tiempo he aprendido a esperar, mantengo viva la esperanza.

Muchos meses han pasado y ha sido un largo aprendizaje, con sus bajadas y subidas, con sus idas y sus vueltas. He comprendido, creo que por fin, que aunque la meta esté siempre más allá, la esperanza de llegar nos hace ir hacia ella dejando atrás las dificultades. Hoy, primer día del mes de agosto, recuerdo que hace un poquito más de un año no podía moverme ni hablar. Lo que había sido una vida rica, con los baches que la hacían interesante, era ahora  pasado, dejando un presente poco halagador, muy confuso y con vagas promesas de recuperación. El tercer infarto cerebral se había producido y si el primero me dejó ciego por dos meses y medio y el segundo afectó un poco la sensibilidad de la mano izquierda y empeoró la vista, ya para entonces algo recuperada, este tercero me llenaba de impotencia y miedo, porque me convertía en un ser dependiente para las funciones físicas normales como darme la vuelta en la cama, comer solo, bañarme y todo lo demás. Mi cerebro sabía que había que hacer en cada caso, pero sus órdenes no eran atendidas. No podía leer, porque las letras y las líneas bailaban ante mis desconcertados ojos y menos escribir, pues mi mano derecha, afectada por un espasmo perenne estaba convertida en una especie de garra. He dicho que no podía hablar, y de mi boca salían sonidos que nadie entendía. Solo pensaba, escuchaba y sentía mi lado izquierdo. Fui, poco a poco, encerrándome en mí mismo. No sabía lo que era la esperanza, o lo había olvidado…

 

Sin embargo, algo en el fondo me decía que si había logrado ver después de haber quedado ciego, aunque fuera mal, tenía que luchar por volver a moverme decentemente, hablar mejor y ser aunque fuera un poco lo que antes era. La esperanza comenzó a chisporrotear en mí, produciendo un curioso efecto de bienestar que yo llamaría de aceptación con futuro.

Gracias a Alicia, a mis hijas, a mis yernos y al aliciente de tener dos nietos y al empuje de mis amigos que nunca me dejaron, comencé a trepar por una cuesta difícil de subir, pero sabiendo que en la cima me esperaba la maravilla de ver el paisaje a mis pies.

Ahora ha pasado más de un año. He recorrido un largo camino hacia arriba y aún no llego a la meta. Siempre está un poco más allá y aunque resbale, sigo. Sé que algún día llegaré a ver el paisaje, descansando de una subida empinada y llena de obstáculos.

La esperanza de hacerlo me mueve. La esperanza: esa lucecita que se mueve delante, al parecer a la mano, pero siempre alejándose un poco más, retándome a que la alcance.

Hoy que es primero de agosto sé que me falta mucho, pero me paro a mirar los días recorridos y me asombro de lo que la esperanza puede lograr. No sé cuando lo consiga, pero no pienso detenerme hasta lograrlo. El paisaje es bello cuando uno está arriba sintiendo el viento en la cara.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

4 comentarios en “ESPERANZA”

  1. Querido Manolo, he conocido gente para quien el sólo hecho de planificar escalar una montaña es una apetecible promesa; gente que disfruta al máximo trepando pendientes esquivas y empinadas. Para ellos, caer es un gaje del oficio y reiniciar el ascenso, el reto: es ahí cuando el espíritu se les llena de adrenalina y gratificación. Gente para la cual, llegar a la meta es sólo parte de la aventura, aunque, sentir el viento en la cara, es otro cantar. Un amigo mío, Renzo Uccelli, del “club de los 8,000” (en alusión a la altura del Himalaya que escaló en vida) repetía sobre las montañas una frase de Tao: “lo visible da la forma, lo invisible su valor”. El, como muchos apasionados del monte, aprendió a dejar de pelear con la altura y seguir a favor del viento: hacia el refrescante y estimulante viento!! Como tú!!. La esperanza y el respeto por los elementos y las circunstancias era su combustible. Solíamos decirle que tenía “mirada de creyente”, era muy especial.
    Mi admiración, Manolo y mi agradecimiento por la inspiración que significa para tus eternos alumnos saber que nuestro sabio maestro “Yoda” (esto va con cariño) sigue creando formas de luchar para responder a su propio espíritu, recurriendo, como nos enseñaste, a toda lección de tu pasado y del presente, a toda herramienta recogida en el camino para seguir encumbrándote, con valor y esperanza, ojalá con alegría y recordando respirar.
    Asumo que no ha de ser sencillo y tampoco es para todos pero tú ya has llegado muy alto, ya casi: el viento que te besará en la cima es …, tú lo has dicho! Sube, sube, Manolo!!!! Un abrazo.

  2. Qué puedo decir, sino agradecer tus palabras!
    No te imaginas la alegría que me da leer y releer lo que dices. Gracias por citar a Renzo, a quien no conocí, pero sí admiré.
    Creo sí, que el viento en la cara, ganada la cumbre, es no sólo un premio sino la satisfacción de saber que uno puede ir al encuentro de algo tan sencillo pero poderoso.
    Sentir el viento en el rostro es saber que estás vivo y que haces tu parte, por pequeña que sea.
    Un beso y mil gracias!!

  3. Es emocionante. Y no me canso de decir estimado profe: ¡que maestría, no solo para lograr lo que te propones, sino también para contarlo! Gracias por compartir tus vivencias de esta manera, ya que somos muchos quienes sentimos una inmensa alegría y orgullo por los éxitos de quien ha sido nuestro maestro. Bueno, sigues siéndolo!

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