ATLÉTICO MINERO


He visto un comercial donde el señor Oblitas habla sobre la minería. Me parece un despropósito. Es el típico caso en que se busca el endoso de un “famoso” para algo.

De pronto estamos acostumbrados a ver un “endoso” en productos para lavar el cabello, bebidas gaseosas, máquinas de afeitar y otros  más de consumo. Si quienes aparecen en el comercial, recomendando con su nombre el producto anunciado lo usan, allá ellos. Allá quienes crean que porque X toma o usa algo, esto es parte de su logro del éxito, salud o bienestar personal. No quiero decir que lo que alguien recomienda en publicidad sea absolutamente falso. Pero de un hablar sobre un champú a reflexionar sobre la realidad minera del país, hay una distancia. El uso de un producto no adecuado en este caso, podría producir caspa, en tanto que una “opinión” sesgada sobre un tema tan complejo como la minería, podría estar influyendo en algún modo, en ciertas personas.

 

 No creo, sinceramente que la opinión del personaje en este caso, tenga mucho valor.  Quienes hicieron el comercial se equivocaron al elegirlo. No es su especialidad y si bien es popular, lo es en referencia a un deporte y todos sabemos que a pesar de ser el fútbol algo masivo, es bien distinto opinar sobre un champú o una hoja de afeitar y ser un futbolista, que tratar de hacerlo sobre algo tan complejo como la minería. No le niego al señor Oblitas ni opinión ni conocimiento sobre el tema, pero de ahí a creer que su testimonio será gravitante en la opinión pública, me parece que hay un abismo.

 

Creo que se equivocaron al elegirlo porque en minería no me parece que represente a nadie sino a él mismo. Estoy seguro también que el haber hecho el comercial, puede poner al señor Oblitas en una posición incómoda. “Cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas” decía mi padre. He visto ya muchos comentarios en las redes sociales y ninguno es favorable al modelo.

 

Lo del señor Oblitas es pasajero. Lo que no es pasajero ni puede serlo, es el intento de usar la publicidad, como la forma de comunicación en la que porque es pagada, se puede decir cualquier cosa. Hay algo que aquí se soslaya peligrosamente.

Como producto, el comercial está bien hecho pero en general resulta bastante ramplón. Tanto que no lo siento como relevante. Es demasiado obvio en su pretendido mensaje.

Pulicitariamente creo que se auto anula, que no es efectivo.

 

Hay distancia grande entre lo de Murdoch y esto. Pero así suele empezarse y hay que tener mucho cuidado. Creo que las cosas resultan – en buena hora- transparentes. Recuerdo que me gustaba mucho el slogan “La Verdad bien dicha” de la agencia donde hice mis pininos publicitarios. Me sigue pareciendo muy bueno, porque siempre he creído que la publicidad dice esencialmente la verdad.

La mentira, tiene patas cortas.

CAMBALACHE


Eduardo Galeano en su libro “PATAS ARRIBA”  demuestra que todo está al revés en este mundo. Igual que lo que dice el tango “CAMBALACHE”. Y parece que nos gustara andar de cabeza, porque nada cambia. Todo sigue invertido y ser bueno es malo, ser honesto es ser un retrasado y hacer las cosas como deben hacerse es llevar la ingenuidad hasta sus últimas consecuencias.

Escribo esto porque lo que uno ve en los medios y se encuentra abigarradamente en la vida real, llama al hartazgo. A la náusea a veces.

Como va a ser posible que se trate de ocultar el sol con un dedo, nos quieran hacer comulgar con ruedas de molino y nos digan que es verdadero aquello que a todas luces no lo es.

¿Por qué aquellos que deberían dar el ejemplo cortan camino y terminan embarrados? ¿Qué es lo que hace que un ser humano crea en sus propias mentiras y trate de hacerlas pasar como sacrosantas verdades? Nuestra arena política es más bien “fango político” y allí parecen revolcarse a gusto muchos. Lo preocupante es que del revolcón salen contagiosos y la peste se expande: mienten, esconden, trafican y tratan de que el miasma afecte a todos. Si todos roban, entonces no hay ladrones y si todos mienten, la mentira queda abolida.

Dan mucha vergüenza las idas y venidas de algunos, los silencios forzados de otros, las sonrisas hipócritas de tantos.

¿Hasta cuándo estaremos en medio de esta niebla infecta, que parece contagiar a quien creímos que se salía de ella? ¿Es que no hay otro horizonte que el de las cloacas? ¿El dinero y el poder ejercen tan grande atractivo? Lo que podría tomarse por  queja y el desánimo llevado al máximo, no es sino el grito de la esperanza.

He visto el infierno, tiene que existir el cielo.

 

SI SE CALLA EL CANTOR…


 

 

Mal inicio el de este sábado: mataron a Facundo Cabral.

Su voz ha sido acallada no sé si por error o por venganza. De pronto, un silencio frío  ha llenado los espacios y el estupor se ha apoderado haciendo de su muerte un signo enorme de interrogación.

Facundo Cabral cuyo color de identidad era ser feliz, ha muerto.

Por error o por venganza, su muerte deja en el desamparo a hombres y mujeres a los que prestó sus versos y su música, sus ganas de celebrar la vida y hacerlo en cada copla.

 

Adiós al hombre que dijo lo que creía, aunque para algunos sonara inconveniente.

Han callado su voz por un instante, porque cada vez que escuche cualquier grabación suya, sé que estará haciendo las canciones con los que la eternidad acompaña

UN COMERCIAL Y REGRESO…


Me llegó este enlace y revisando mi memoria, el comercial lo produjo Cine70, de mi amigo Alfonso Maldonado, quien lo dirigió.

La dirección de actores estuvo a cargo de Lucho Peirano, el guión y la dirección creativa estuvieron a mi cargo y la agencia de publicidad fue ABRIL, que después se convirtió en MAYO.  El producto? Vean el comercial, por favor…

http://www.youtube.com/watch?v=PaS3ZvqSX60

LA CHICA DE LA ARMÓNICA


 Hace unos días me llegó un comentario en Facebook que decía que la persona que lo enviaba, ex alumna y amiga, subió a un microbus, se sentó, sacó su armónica y se puso a tocar; que de pronto, todo fluyó. Terminó, guardó su armónica y fue hasta adelante del vehículo. “No quiero plata” dijo, “sólo quería que me escucharan” y bajó.

 

Imagino la sorpresa de los pasajeros con esa manifestación. En un día gris, rumbo a sus ocupaciones, con la mente puesta en las cosas más disímiles, distraídos tal vez por mirar a través de las ventanas pasar las calles y la gente. La mayoría ensimismados, pensando tal vez en las horas que vendrían, en alguna pelea dejada atrás, en las dificultades para conseguir plata rápido o en cualquier cosa, cuando de pronto, ¡un  milagro!: música saliendo de una armónica que toca una chica. Música simple, sencilla, que brota dulcemente, diciendo muchas cosas. Que flota sobre las preocupaciones y las desesperanzas. Que hace bajar la vista del tabloide con noticias de política, farándula y fútbol. Música que toma suavemente, por asalto, las realidades de quienes nunca pensaron que una chica en un microbus tocara la armónica, para enterarse después que era el simple placer de tocar, de escucharse y que la escucharan, lo que la había movido a hacerlo.

 

Los imagino pensando que había alguien que tocaba, para después echar un discursito y pedir a cambio unas monedas, agradeciendo por la atención prestada. Nada de eso sucedió. Ella tocaba porque era su modo de estar consigo misma, de ponerle música a sus pensamientos, de ahogar recuerdos o traer instantes a su memoria. Tocaba la armónica y el sonido tal vez evocaba las praderas de un país desconocido, los cerros que llevan en su vientre oro y plata o el discurrir de un río. Tocaba porque un modo de expresar cómo estaba.

 

Cuando se bajó, calculo que más de uno la consideró loca. El microbus debe haber seguido su camino rumbo a todos los paraderos y la gente camino a lo que tenían que hacer. Pero ahora el día era diferente: tenía música.

 

Gracias amiga por hacer lo que hiciste y poner en marcha algunas sonrisas, llamar al asombro y compartir.