HUACHAFERÍA


La palabra es “kitsch” y creo que no hay otra que de primera impresión defina el proyecto (esperemos que quede en eso) de levantar una estatua de Cristo en el “Morro Solar”.

 

“No hay una definición exacta sobre que es el “Kitsch”. Es una palabra alemana, viene de kitschen y se utilizó para designar a muebles nuevos realizados con materiales viejos. Esta denominación se acerca a lo que entendemos hoy como Kitsch, una experiencia sustitutiva y falsa sensación. Se centra en la imitación, falsificación, copia y se encuentra en la estética de la decepción y del autoengaño”.

 

Esta definición sin definición retrata muy bien lo que se nos quiere hacer pasar como un obsequio grandioso a la ciudad de Lima.

Huachafería también le dicen.

No está finalmente la Lola para tafetanes, como dice el refrán. Con el dinero que la “obra” requerirá para materializarse (y de seguro servir como cuco a los pequeños y de vergüenza a lo que es la ciudad) se pueden hacer muchas cosas, especialmente ahora que los famosos fríos de la sierra matan niños porque no pueden defenderse de ellos, por ejemplo. Se me tildará de aguafiestas y se dirá que cada uno hace con su dinero lo que quiere. Es cierto. Pero creo que no hay derecho en un país donde se está discutiendo sobre la pobreza y se insiste (con razón) en que bajó, se destinen miles de soles “a la mayor gloria de Dios” o a la gloria del autor de la iniciativa, cuando lo que necesitan los pobres del Perú es otra cosa que no sean estatuas.

 

Alguien criticaba desde lo alto la incapacidad de algunas alcaldías o gobiernos regionales en orientar adecuadamente el gasto. Ponía como ejemplo las obras faraónicas emprendidas, aborrecía del cemento y yeso ornamentales y sin ningún fin que el de perpetuar una dudosa imagen y un falso, manido y malentendido modernismo… ¿Y ahora?

A Lima se le está queriendo hacer un “presente griego” o uno de esos regalos de matrimonio que no sirven para nada, sino para hacer salir del paso a quien obsequia y  de dolor de cabeza – con agradecida sonrisa- para quien lo recibe. Se inscribe en esa larga lista de regalos inservibles para los que siempre hay fechas variadas. Pero, digo yo, ¿no sería mejor regalarle a la ciudad, al país, cosas que necesita? ¿Es imperativo tener una estatua, copia y calco de un famosa y verdadera? Porque lo que nos darán, si el proyecto prospera, será una “igualita” a la real. ¿Somos un Disneylandia que copia fielmente lugares famosos del mundo? ¿Porqué no tener una estatua de la Libertad, una copia de alguna de las pirámides de Egipto, o ya que estamos cerca del mar,  ¿un modelito que copie en sus detalles al Faro de Alejandría? ¿Una torre de Pisa?  Nadie consultó a la ciudad ni a sus ciudadanos.

De pronto habría que hacer un referéndum con diversas opciones de monumento como respuesta, para que la ciudad decida a qué huachafería acogerse y prepararse así para las preguntas y poder soportar la burlas que vendrán.

 

No tengo nada contra Cristo, ni contra el Cristo  del Corcovado, pero me parece una meada fuera del tarro, como dicen, el proyecto. Hay otras formas de honrar a Dios y mejores y más útiles cosas en qué  gastar el dinero. Útiles para todos, no destinadas a quedar “para eterna memoria” acumulando polvo y sirviendo de hazmerreír.