VOTAR EN EL PERÚ


 

 

 

Voté hace ya  una semana.

Lo hice por quien mi conciencia me dictaba, después de haber pensado mucho y ver innumerables correos electrónicos que trataban de convencerme – especialmente agresivos de un lado- probando con sembrar miedo al futuro, a lo desconocido. Facebook fue una suerte de terreno imposible de cruzar y Twitter estaba plagado de comentarios que desnudaban a sus autores. Nunca antes el Perú se encontró en una disyuntiva tan violenta y que además la solución a la que se llegaría no daría satisfacción verdadera sino a un mínimo de personas. Los famosos “psicosociales” hicieron su trabajo sucio, minando y zapando algunas decisiones. Finalmente en una bastante ajustada llegada, ganó uno. Ganó pero suscitó inmediatamente dudas de los contrarios que buscaron imponer su propia agenda a un tipo que todavía parpadeaba frente a los flashes fotográficos. Le dijeron lo que debería hacer primero, intentaron acorralar al ganador, haciendo tanta bulla en medios y modos de comunicación, que quien había ganado, tuviera la sensación de no haberlo hecho.

 

Es curioso, nunca antes en el Perú se habían discutido cuestiones propuestas para un gobierno como ahora. Ni Toledo ni García tuvieron un principio así. De inmediato los correos electrónicos se pusieron a trabajar de nuevo, anunciando desgracias y echándole la culpa prácticamente de todo al ganador.

Sus pecados deben ser muchos o hay muchos callos que duelen, por el odio que suscita.

Odio que se manifiesta en aceptar cualquier cosa menos él. No era mi candidato. Pero el carga montón de las “clases ilustradas” fue terrible. Se notaba que quienes movían los hilos del miedo, tenían mucho que perder. Los demás que insultaban y gritaban en contra, estaban siendo manipulados. Definitivamente algo había detrás del alboroto. Algo que en el fondo estaba agazapado esperando para saltar en el momento preciso. Mi reacción fue la inversa. Repito que no era mi candidato, pero había una nube negra que anunciaba la intención de volver a cosas del pasado, que creí superadas. De pronto supe que mi voto, sumado al de muchos con memoria, podía impedir un regreso nefasto. La dignidad y la vida frente a un plato de lentejas.

 

No me arrepiento y espero. El Perú tiene que ver cambios que lo orienten a un futuro mejor que los videojuegos o el puro comercio. Futuro que el ganador ofrece ir conquistando. No se ganó ninguna guerra en un minuto. Nunca.