GRACIAS, SIEMPRE HICE LO QUE QUISE HACER…


 

Bueno, ya ha pasado un poco más de una semana y todavía estoy recuperándome de la avalancha de cariño que cayó sobre mí.

Abriendo el Ojo”, un evento publicitario que aquí en el Perú es parte del famoso certamen “El Ojo de Iberoamérica”, programó dentro de su presentación un reconocimiento a la trayectoria publicitaria y de enseñanza de quien esto escribe.

Si a eso sumamos que unos días antes dedicaron una página en Facebook titulada “Saluda al maestro” la multiplicación de notas y mensajes de reconocimiento hicieron que mis casi 42 años en la profesión y 26 en la enseñanza, parecieran muchísimos más. Como lo dije en algún mail, este movimiento me coge de sorpresa, me asombra y a la vez me llena de felicidad.

Durante todo este tiempo hice lo que siempre me gustó hacer y traté de que mis errores no los repitieran muchos que serían mis colegas. Nada más. Nada raro ni difícil: al contrario, muy común para mí y sencillo de hacer. Ser como uno es y no más.

 

El miércoles pasado, mil personas se reunieron en un auditorio, para participar de una fiesta de comerciales de TV y avisos de distinta clase, además de otras manifestaciones publicitarias. No para ver a un antiguo publicista y maestro de la carrera. No más del diez por ciento de los asistentes tenían alguna idea de quien era el tipo ése al que ayudaban a subir las escaleras y se encontraron de pronto que el cariño de los organizadores (Augusto Gutiérrez y Nicolás Valcárcel) contaba una historia donde aparecían rostros de amigos míos y mis hijas y decían muchas cosas que –con la emoción y el desconcierto- me costó identificar al principio.

 

Aplaudieron y recibí un trofeo. Es claro que hablé agradeciendo y dedicándolo todo a los compañeros de trabajo que partieron antes y a todos los publicistas que merecen el reconocimiento más que yo y que siguen poniendo al servicio de la publicidad sus talentos, sin esperar reconocimiento alguno.

Yo, que podía hablar dos horas seguidas en una clase universitaria, o dar una conferencia de tres horas, me trabé lo suficiente (de nuevo la emoción) como para hablar poco y entrecortado. Lo mejor que me salió fue un “¡GRACIAS!” que brotó espontáneamente.

Todo el momento y lo leído en Facebook, me dieron la muestra de un cariño muy grande y me confirmaron, como lo he dicho antes, de haber seguido el camino correcto.

¿Por qué publico esto? Simplemente porque quisiera que quienes lean, sean testigos de mi gratitud y compartan conmigo la alegría de no haber errado el camino.