SÁBADO POR LA TARDE


 

Cae la noche y cambian los ruidos callejeros y vecinales. Es sábado y se termina un día en el que el bullicio es distinto al de los días de semana. Es claro que los más chicos, aún de vacaciones, aprovechan las horas y en estos momentos, al regresar a casa de la piscina, la playa o el club, alborotan quemando las últimas energías antes de darse una vuelta, en grupo, por la calle montando bicicleta, haciendo piruetas en el skateboard o simplemente contando lo último que vieron. Algunos, más crecidos, irán al cine. Pero en las cercanías cambia el tono. Uno puede darse cuenta por ello, que es sábado por la tarde, casi noche.

Los sábados como hoy, en verano, el sol, como lo dije lleva a los más pequeños a la diversión y el trabajo u otros quehaceres externos ocupan a los mayores.

Salvo ciertos ruidos familiares como los ropavejeros que anuncian su presencia a voces, todo en general está bastante quieto hasta el medio día. Después, conforme avanza la tarde y el calor baja, el ajetreo doméstico va haciéndose notar. En una casa, donde de seguro habrá fiesta esta noche, prueban unos parlantes con el consabido “un, dos, tres, probando…”, ladran algunos perros alterados por la amplificación sonora y en general todo parece conducir hacia la noche. Noche de sábado en verano. Noche de fiestas o de reuniones. Noche en la que se vaciarán algunas botellas de cerveza y circularán piqueos.

Será una noche movida, con música, risas y hablar fuerte. Una noche de llegada de autos, saludos y puertas que se abren y cierran.

Luego, ya de madrugada, todo se va apagando salvo alguno que otro ladrido desvelado, motores que arrancan, despedidas y alguien que no ha encontrado nada mejor que cantar a una hora en la que quisiéramos, por fin, dormir tranquilamente.

Dormir para despertar ya domingo con el pregón de la tamalera. Pero esa es otra historia…