CALOR.


 

En este verano limeño, el calor (nunca excesivo) nos parece insoportable.

Cuando llegamos a treinta grados, que es muy de vez en cuando, sentimos que no podemos respirar. El “calor” que hace en verano es Lima nunca llega a los cuarenta grados que sufre Buenos Aires, ni a esos excesos que algunas ciudades del mundo soportan. Recuerdo a un amigo mío, piloto de aviones de guerra, que me contaba su estancia en una zona de Rusia, donde estuvo aprendiendo “in situ” todo lo concerniente a los aviones que vendrían al Perú. Me contaba que en los momentos de descanso, lo único que hacían era echarse desnudos, con un matamoscas como única ara y que en la carlinga del avión, aprendiendo a conocerlo, el calor era fortísimo, porque el sol pegaba duro a través de la cubierta de plexiglás creando un clima interior sofocante. Me lo imagino con su uniforme de vuelo, casco e implementos a bordo de una nave que no podía dejar, cocinándose al sol.

Calor el que sentía mi hija Paloma en Buenos Aires, cuando por las noches se echaba sobre el piso de losetas para tener algo  de frescor.

Calor el que yo sentí en Honda, Colombia, en el que un río de aguas marrones no llegaba a irradiar frescura. Honda, ciudad en la que nadie que supiera, salía a la calle descubierto y menos en las horas cercanas al medio día.

Calor el de Sullana en Piura, calor el de los desiertos donde el sol llega a partir piedras, según la conocida figura.

Aquí en Lima el calor es mental en realidad o es el que sienten personas para las que la comparación física no existe.

En esta ciudad de la cual don Héctor Velarde, arquitecto, decía que “Lima no tiene invierno sino inviernito y no tiene verano sino veranito” es decir, lugar que no tiene climas extremos y que la famosa Corriente del Niño” dulcifica haciendo que no tengamos el clima caluroso de Guayaquil (por estar cerca nuestra ciudad del Ecuador).En esta ciudad, digo, en que vivimos una primavera fuerte en un verano considerado tórrido, ¿seguiremos así con los cambios que el clima está sufriendo?

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