CRECER.


 

El Perú crece. El Perú desborda fronteras y encontramos peruanos en todas partes. Uno de los indicadores de este crecimiento es la gastronomía. Lo que es mucho más que solo comer. Porque comer es una de las necesidades básicas del ser humano, que este necesita satisfacer para sobrevivir. El hambre es un aviso del cuerpo.

Comer ha sido y es tema mundial. Uno deja de comer y generalmente muere.

No trataremos aquí de profundizar en un tema que abarca desde la desnutrición hasta la obesidad (que no implica nutrición) y que abordan miles de especialistas que van desde médicos hasta chefs en todo el planeta.

Quisiéramos centrarnos en lo que está sucediendo aquí, en América del Sur, en un país llamado Perú. Lo que pasa en este territorio con referencia a la gastronomía, que es un “boom” hace algún tiempo.

Un éxito que como todos los éxitos tiene muchos padres. En el Perú siempre se comió bien. Las diferentes regiones ofrecían sus mejores platos y cuando el limeño iba a provincias se preparaba para comer de lo mejor: “La comida es rica, barata y abundante” era el comentario, especialmente al volver a la capital. Lima, la capital tenía el privilegio de resumir la cocina nacional  y ofrecer lo que se podía encontrar, con respecto a comida, en muchos lugares del mundo. Recuerdo en la avenida “La Colmena” un restaurante suizo llamado “El Rincón Tony” y también el “Roxi” en Miraflores que se especializaba en comida italiana, sin contar la multiplicidad de restaurantes chinos o “chifas” que poblaban la ciudad y aparecían en cada barrio.

Ha pasado el tiempo y el Perú se ha convertido en un nombre respetado gracias a su gastronomía. Algunos visionarios no se quedaron con lo que tenían ni se refugiaron en cocinas ancestrales y recetas trasmitidas pacientemente por generaciones, sino que arriesgando el “hoy” salieron al frente hasta hacernos comprender que nuestra comida está a muy buena altura y que aunque falte mucho por aprender, experimentar y soñar, estamos en la senda correcta.

Si algunos, antes casi ninguneados por su oficio, peruanos pueden lograr alturas con su dedicación, terquedad y paciencia ¿porqué no podemos todos? ¿Tenemos menos neuronas? ¿Somos inferiores? No.  Somos comodones y nos quedamos quietos. Ojala que este ejemplo que tenemos del éxito mundial de la gastronomía peruana, sirva y se traslade a otros ámbitos y el Perú no sea solo Machu Picchu y el Cusco. Aquí hay de todo. El asunto está en no dormirse ni en querer resultados inmediatos. Todo toma tiempo, pero requiere de una participación activa. La participación de todos en el Perú.

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