NOTICIAS.


 

 

El tema no parece dar para más. Egipto está más de una semana en las noticias porque el pueblo se ha levantado y dicho ¡basta! Esta ya no resulta una novedad y todos han escrito o informado de ello.

No sé exactamente que es lo que ha desencadenado los hechos, pero puedo adivinar que la acumulación juega un papel importante. El tiempo que el presidente egipcio lleva en el poder da una importante pista. Es muy difícil que alguien quiera perpetuarse en el mando. Al principio serás algunos los descontentos y la desazón irá creciendo exponencialmente. Sobre todo si para gobernar, que es lo usual, los apoyos incondicionales, al saberse casi indispensables, piensan y actúan por su cuenta sin importarles que sus cochinadas salgan a la luz. Se sienten protegidos por un poder omnímodo. El poder, es cierto, corrompe. Especialmente cuando no se ha tenido o cuando este se ha ejercido por mucho tiempo y hay peligro de pérdida.

Un millón de manifestantes no suelen andar errados en lo que piensan. El presidente egipcio y su gente cercana no han sabido o no quieren leer la realidad que grita y marcha por calles y plazas. El poder corrompe y por lo general ciega.

Es muy fácil escribir sobre lo que se llama “la crisis de Egipto” desde un lugar lejano tranquilo y con otros problemas. Vivir la crisis es muy diferente y la visión tiene que teñirse de parcialidad. No creo que haya mucha gente imparcial en ese país.

Estábamos acostumbrados a un Egipto histórico de faraones, pirámides, jeroglíficos y dioses varios. A un Egipto que nos vendía la imagen de campesinos arando su tierra enriquecida por el histórico río Nilo, vistos desde ese mismo río, durante una travesía turística.. Ahora vemos que la realidad es otra. Que como en una olla a presión descompuesta, ha saltado la tapa dejando escapar mucho de lo que había dentro de un modo violento.

Prácticamente todo el mundo le ha dicho al presidente egipcio que renuncie. Es la única solución que muchísimos ciudadanos de ese país encuentran. Y Hosni Mubarak ha hecho cambios que el país considera cosméticos, cambios que, opinan, no tocan lo medular.

Mientras tanto el tiempo pasa, los muertos siguen cayendo y un terrible “aquí no pasa nada” parece extenderse por la tierra de Tutankamon.

Miles de años contemplan el estallido. El presidente egipcio parece, por las noticias vistas, la esfinge. No parece inmutarle lo que está pasando a su alrededor.

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ESTA VEZ…


 

Esta vez, como otras, en el Perú tenemos elecciones para Presidente y junto con él elegiremos Congresistas que nos representen. Lo que parecía un ejercicio sencillo de afirmación de la democracia, se convierte en un complicado juego en el que valen más personalidades y mil temas accesorios y banales, que verdaderas propuestas para un país que crece y que no está más para juegos y pruebas.

Si uno mira las campañas electorales, se dará cuenta que la mayoría de los aspirantes lanza gaseosas peroratas u opina sobre temas de los que sabe muy poco o tiene escasa información. Los periodistas hurgan “en lo que le gusta a la gente”, es decir en lo fácil, lo personal y lo escandaloso para así vender más papel o aumentar el número de televidentes u oyentes y que la publicidad así generada se convierta en dinero, que parece ser lo único que importa. Es cierto que no todos caen en este saco, pero mi experiencia me dice que muchos “sujetadores de micro” no tienen los conocimientos mínimos suficientes para efectuar preguntas valiosas, de cuyas respuestas se desprendan hechos que permitan una toma de posición sobre tal o cuál tema, por parte de público que lee, escucha o ve. ¿Qué importa, salvo mejor opinión que tal candidato escriba con la mano izquierda, o que al otro le falte un dedo o haya nacido en un pueblito perdido en el interior del país? Importan sus propuestas para temas importantes. Grandes líneas que formarán después políticas y que permitirán al elector cumplir bien su función: elegir.

Elegir entre ideas y no entre anécdotas, por más sabrosas que ellas sean.

Anoche veía en un programa de TV a una periodista que decía entre otras cosas, que las campañas se reducían a lo accesorio y no a fijarse en lo principal. Ahora todo el mundo habla del aborto y de la unión homosexual. No se trata el tema del aborto terapéutico ni de la igualdad de condiciones ante la ley. Se habla de violadores, putas y maricones.

Existen, es claro, son problemas a abordar y está bien discutirlos. Pero a su lado está el asunto de la gran minería, el de la seguridad general o el de la educación. Sin embargo se prefiere lo sonoro a lo que afectará nuestra vida como nación.

Es tiempo de informarse para votar por nuestro futuro. Elegiremos a quien nos gobernará por los próximos cinco años y a los Congresistas que dictarán leyes. Escogeremos entre varios a uno y entre muchísimos a algunos. Escojamos sabiendo, porque después será tarde. Un error aquí nos traerá perjuicio como nación e individualmente.

Hay que saber lo que se hace. Y asumirlo.