OPORTUNIDAD.


 

El dicho reza “a la oportunidad la pinan calva”, es decir que no tiene cabellos de los cuales asirla de improviso. A la oportunidad o se la toma o se la deja. No hay medias tintas aquí.

¿Porqué escribir sobre la oportunidad? Es que cuando vemos la gran cantidad de oportunidades perdidas, nos damos cuenta de lo que pudo ser y no fue.

Perder una oportunidad no tiene vuelta atrás, Alguna vez aprendí que no hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión. Y esto se me quedó grabado. Es claro que aquí hay un juego de palabras con “segunda” y “primera”, pero la enseñanza que debe permanecer es que las oportunidades NO dan una segunda oportunidad. El cartero, en este caso, NO llama dos veces.

Lo decimos porque el desperdicio de oportunidades personales afecta nuestras vidas, así como el no tomarlas, afecta la vida de los países. ¡Qué diferente sería el Perú si hubiese hecho suyos los momentos en que las oportunidades asomaban! Pero no, las dejamos pasar mientras otros las cogían al vuelo, demostrándonos que si se arriesgaba un poco, sí se podía. Alguien dijo que el Perú era el país de las oportunidades perdidas. Creo que “booms” como el del salitre, el guano y la anchoveta, deben hacernos reflexionar. Fueron oportunidades, claro. Explotadas y aprovechadas por unos pocos. No por el Perú. Hoy que la minería grande y pequeña está a la vista y en una veta de oportunidades que está vigente, no podemos perderla como país. Tomar una oportunidad significa correr riesgos. No se hacen tortillas sin romper huevos. Si queremos que todo siga igual, no hagamos nada. Sólo el que hace corriendo el riesgo de cometer algunos errores, hace algo. Es cierto que no se trata de desbaratar lo existente y dañarlo de forma irremediable. Se trata, como siempre, de encontrar un justo medio. Un, siguiendo con los refranes, “ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”. Un justo medio que no llegará a satisfacer a todos plenamente, pero tampoco favorecerá a algunos en detrimento de los demás.

Oportunidad si cabemos verla a lo lejos. A veces está tan ceca, que cuando nos damos cuenta no está. ¡Perdimos la oportunidad! Y claro, entonces le echamos la culpa a alguien. Porque somos así, cuando perdemos, en lugar de recomponernos y avanzar, nos quejamos de los demás.