POCAS VECES


 

Pocas veces se repite la misma historia. Un rayo, dicen, no cae nunca dos veces en el mismo lugar. Uno no se encuentra muy seguido con gente que quiera hacer las cosas bien, por el placer de hacerlas. Estamos acostumbrados a que quienes lo hacen es por alguna razón subalterna: se “están ganando alguito”.

El otro día me tocó encontrarme con alguien que, de primera impresión, es una de esas personas que están haciendo cosas positivas y se han trazado una meta clara. Su actitud, de la que parece partir todo, es la de escuchar. Escuchar, evaluar y proceder. No creo que le tiemble la mano al tomar decisiones por duras que parezcan. Su trabajo, nada envidiable por las circunstancias que lo rodean, es difícil y expuesto. Pero sin embargo no ha olvidado los “por favor” y “gracias” que una persona educada sabe dar en el momento oportuno.

Lo que más me impresionó fue su actitud de escuchar y la predisposición a hacerlo que tiene.

De seguro tiene éxito en lo que emprende y logrará su cometido en esta difícil tarea. La capacidad que me demuestra a través de su conversación, de seguro es lo que le ha valido llegar al camino y saber que va por buena senda. Otros deben haber puesto sus ojos en las cualidades que menciono y

Que le han dado las responsabilidades que tiene.

Desde aquí desearle no mucha suerte, porque esto es azar, sino verdadero éxito porque su actitud se lo merece.

Esta historia viene a cuento porque la actitud general no es esa. Siempre se busca algún beneficio ulterior y conozco muy pocas personas que hayan decidido jugárselo todo y seguir el sendero conociendo sus dificultades y sabiendo íntimamente que van a llegar, de pronto magulladas, pero como para cumplir con su tarea porque confiaron en ellas.

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