EL ASCENSOR


Hace poco recibí un correo electrónico de mi amigo Henry. Había leído mi librito y comentándolo, me hacía referencia a algo que yo había entreverado entre mis recuerdos: el ascensor de platos de la casa de la calle Ayacucho.

El ascensor de platos iba desde el término de una escalera y un pasadizo con baranda en el primer piso, hasta la cocina del sótano. Era una caja abierta por un lado y que funcionaba gracias a un cable trenzado de metal, que estaba sujeto a un rodillo, que era accionado por una manivela, que tenía una rueda con agujeros, en uno de los cuales ecajaba un perno, que al colocarlo, detenía la operación.

El ascensor de platos estaba pintado de negro, pero el uso y los años habían hecho empalidecer el color, dándole un tinte grisáceo.

Nosotros, chicos, jugábamos con él, hasta el extremo de que uno, encogido, se metía dentro y era subido o bajado con la complicidad y el esfuerzo de los demás, que miraban asombrados, arriba, la aparición del “viajero del ascensor”. Este jueguecito nos estaba absolutamente prohibido, porque la resistencia del cable y la caja, habían disminuido con los años y la fuerza de quienes accionaban el rodillo no era mucha. Sin embargo, esperábamos las tardes en que la vigilancia aflojaba, para hacer nuestra travesura. Es cierto, el peso de unos cuantos platos por más llenos de comida que estuvieran, no podían compararse con los cuarenta o cincuenta kilos de un chico.

Qué será del ascensor de platos? Existirá aún? Lo dudo, las reformas de la casa lo deben haber desaparecido. Con él se han ido momentos de tensión y de juego, sustos mayúsculos, reprimendas y definitivamente, diversión. A Henry como a los demás amigos y a mí, el ascensor de platos nos tre a la memoria una etapa feliz. Algo verdaderamente simple, pero que era una rareza. Dicen y no lo he verificado nunca, que la casa en algún momento habría sido un pequeño hotel. Eso explica su tamaño, sus muchas habitaciones, sus terrazas y por supuesto, el ascensor de platos que agilizaría el servicio al comedor.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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