FRIGOBAR


El frigobar está en el escritorio para comodidad y es de marca DAEWOO, coreana, como los automóviles de igual nombre y una serie de otros artefactos para el hogar.

Allí rodeado de libros y papeles, está desde que vino casa hace años ya. Es una caja sencilla que produce frío, es decir un refrigerador pequeño.

Allí ahora que estoy enfermo se guardan algunas vituallas, especialmente las del desayuno y consisten en fruta, yogurt y agua. Antes, el frigobar era mi escondite para quesos, jamones y embutidos en general, así como las aceitunas que normalmente no faltaban; así eran “protegidas” estas delicadezas de la voracidad arrasadora de mis hijas y la ocasional glotonería de mi nieta. Si estaban en el  frigobar había que pedir permiso para consumirlas.

Ahora, su raleado interior acumula hielo en la parte superior, porque sólo de tarde en tarde se descongela para una limpieza. Por fuera tiene puestas pegatinas magnéticas que van desde un viejo recordatorio del chifa Internacional para servicio a domicilio y los teléfonos de serenazgo de varios distritos hasta el físico en plástico de un chocolate Sublime, mordido. Hay un par de loros e infinidad de recordatorios de comida rápida, repartidores de gas y lavanderías. Todo un universo doméstico reducido a teléfonos de necesidad cotidiana.

El frigobar ha pasado a ser parte importante del escritorio. Es cierto que antes guardaba más cosas y que su uso era intensivo, pero  aporta ahora además de la utilidad a veces salvadora, su cuota de “casa” que se pierde en muchos ambientes.  A veces me he preguntado si está bien allí.

Y mi respuesta  siempre ha sido que es mejor que esté allí cerca de donde leemos y escribimos y cerca también de donde dormimos. Por si acaso.

Su pequeño “run-run” producido a veces por el motor, nos dice que está ahí, que dentro nos aguarda cierta comida y bebida y digo yo que mientras fui chico, no conocí las ventajas de una heladera en casa, qué maravilla es tener esta preservación por frío a la mano.

Parece banal poseer un frigobar.  ¿Por qué no está en la cocina o el comedor? En la cocina está la refrigeradora grande que alberga  lo necesario para cocinar y también lo que no cabe en el frigobar y en el comedor no hay sitio. Además queda lejos de mi lugar habitual.

Entonces está ahí acumulando hielo y con algunos alimentos a la mano. Está en el escritorio por comodidad.

¿Qué más puedo decir de él? Un hermano gemelo suyo funge de refrigerador en el departamento de mi hija mayor y el que tengo ostenta un cierre hermético que es una tira de jebe, rota y que me prometo cambiar siempre. Es curioso, pero el pequeño ruido que produce, me tranquiliza diciéndome que estoy  acompañado y que no faltará de comer, aunque se esté a dieta rigurosa.

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