LEER.


Qué difícil ha resultado leer!!

Ahora lo hago lentamente, y sí, leo. Pero mi vista ya no vuela como antes sobre las letras. Parece que gateara y me detengo a cada instante a descansar y al hacer pequeñas pausas, me ayudo a mi mismo a comprender lo leído.

Pero sí, me canso y no puedo como lo hacía antes, leer un promedio de cuatro libros semanales. Ahora un libro nuevo me dura una eternidad y uno conocido media eternidad…

Leer, descifrar lo escrito no resulta ser el problema que era, cuando las letras bailaban cada una por su cuenta y los renglones se covertían en enemigos, Ahora se alinean y puedo leer párrafos completos. Suena a lamento, pero para alguien al como a mi, veían siempre con un libro distinto,resulta un tema capital. Leer se ha convertido en una hazaña que trato de realizar todos los días, y que gracias Dios cumplo religiosamente.

Ahora me doy cuenta de lo importante que este sencillo acto y acomodo mis libros buscándolos como quien inquiere por amigos con los que estaba acostumbrado a conversar.

Cuando hace meses traté de leer y no pude, lloré en silencio y dejé la relectura que intentaba de «La casa de la mezquita». Pasó el tiempo y tenía miedo de siquiera tratar de hacerlo, porque intuía que todo se me movería y no podría leer.

Poco a poco fuí arriesgándome y me alcanzaron «Hacia Hispahán» de Pierre Loti, un viejo libro que empasté en cuero y que había sido lectura de mi padre. Lo pedí a propósito porque era un viejo amigo y mi hija Paloma lo encontró en un armario.

Leí muy despacio, por centésima vez y me trajo tantos recuerdos, que tuve que dejarlo.

Así, leer se había manifestado una vez más como una aventura maravillosa.

Dejo aquí hoy, pero como prometí, volveré. Volveré con más porque seis meses es mucho tiempo en silencio.