LA FRONTERA DE LAS EMOCIONES VIRTUALES.


ESTE POST ME PARECE DE IMPORTANCIA CAPITAL, de ahí mi atrevimiento al transcribirlo íntegramente. Lo publica hoy LASBLOGENPUNTO y una lectura atenta es lo menos que merece.

La frontera de las emociones virtuales. La ficción lucha por superar la realidad. Posted: 21 Apr 2010 12:09 AM PDT.

A medida que pasan los días -y digo días porque el tiempo ya no es un baremo largoplacista- la sociedad se sumerge cada vez más en una batalla en la que lo virtual y lo real luchan por dominar nuestro escenario emocional. Cada mañana, el mundo se despierta con más gente enchufada a la red. Nos estamos convirtiendo en apéndices de un sistema en el que la presencia virtual marca la diferencia entre quienes “viven al día” y quienes “viven alejados de la realidad”. Una diferencia que ha convertido en “normales” a los que antes eran “frikis”, y en “frikis” a los que antes eran “normales”. Tanto es así que no tener un perfil en alguna red social se puede convertir en un déficit que puede llegar incluso a afectar a nuestro devenir profesional y personal en un futuro no muy lejano. No es extraño comprobar cómo, cada vez más, los requisitos para acceder a un empleo pasan por poner a disposición de nuestro contratante nuestro currículum social, reflejado en forma de perfil en red. Estamos derivando hacia un modelo de interacción singular, muy diferente a lo conocido hasta hace bien poco. Vivimos un proceso de virtualización personal en el que nuestra esencia como individuos se expresa al amparo de un un nuevo formato tecnológico. La comunicación se virtualiza y con ella, nuestras relaciones con el entorno. Vivimos en un mundo que se globaliza hasta tal punto, que muchas de nuestras relaciones personales nunca pasarán a un plano “real”. Es un hecho constatable que estamos “viviendo en una nube”. Proyectamos nuestra personalidad hacia ese mundo virtual, en el que es obligatorio “estar para poder ser”. Y eso conlleva una pérdida de tangibilidad, que debe ser suplida con aportes emocionales potentes. Este es el motivo por el que las marcas pugnan por hacerse hueco en nuestra escala emocional. Tratan de “aportarnos” experiencias que despierten nuestros sentidos -pasión, felicidad, sorpresa, tensión, riesgo… – sin necesidad de que nos esforcemos lo más mínimo, sin que tengamos ni que levantarnos del sofá. Y poco a poco, está cambiando el tópico de que la realidad supera la ficción… Las marcas están consiguiendo que sus propuestas sean mucho más aprehensibles, superando las barreras de lo intangible y acercándolas a nuestra vida real. Aparecen propuestas que trascienden de su entorno tecnológico habitual y se trasladan al espacio natural. Lo virtual está superando la frontera que le marcaba la tecnología y ahora invade cada rincón de nuestras ciudades y de nuestras vidas: wifi, realidad aumentada, pantallas gigantes… No hay defensa posible. El interés económico es tan fuerte, que no hay línea Maginot que lo frene. Ahora bien, por mucho que se empeñen, por mucho que la tecnología avance, siempre tendremos un poder inalienable que nos permitirá seguir siendo humanos: nuestros sentimientos… No queda otra. Frente al virulento y fatuo orgasmo que provocan de las emociones, ficticias, mantengamos el placer sostenido y profundo de nuestros sentimientos. Esa es nuestra mejor defensa. Esa es nuestra última frontera y nuestro único y exclusivo poder.


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