ALGO MÁS SOBRE KIKO CHICO.


Schulz

Disculpen que insista en hablar de mi amigo Kiko Ledgard, pero les escribí a Patricia y a Valerie, su hija, porque quería decirles cuánto sentía la partida de mi amigo y cuán cerca me sentía de ellas…

A Patty la conocí cuando los tres trabajamos juntos en Kunacc; ella en coordinación, Kiko como jefe de radio y televisión y yo como jefe de redacción (jefe de mí mismo, porque era el único redactor). Valerie, la hija de Kiko y Patty trabajó conmigo y la quiero muchísimo, a pesar que las distancias y el tiempo van creando zonas de neblina.

Valerie me pasó este texto que me parece muy hermoso. Lo publico aquí sin permiso, pero sé que Rodrigo, (a quien no conozco) aunque expresa en este escrito un sentimiento íntimo, no se enojará porque muestre a todos cómo queremos a Kiko.

Subject: Requiem de ferrada

Esta madrugada ha muerto Enrique Ledgard Marrou, padre de 5, marido de Patricia y uno mis más entrañables amigos.
Fue una relativamente breve pero desgarradora enfermedad la que se lo llevó, el ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica).


No voy a hacer un panegírico sobre mi amigo Kiko, pues él fue principalmente un hombre, en todas sus dimensiones. Sus defectos, breves y asumidos; su virtudes, grandes y desarrolladas con humildad, siempre atento a ayudar y socorrer a quien a su lado estuviera. Siempre listo para conversar, recordar, contar anécdotas y repetirlas hasta el cansancio, con una sonrisa enorme de niño que no voy a olvidar jamás.


Con él aprendí muchas cosas, pero principalmente supe que no podía sentirme cansado o quejarme de cosas triviales de la vida, al verlo tan lleno de energía y vitalidad (me llevaba más de 20 años). Me enseñó tantas cosas, la mayoría con el ejemplo y el silencio. Creo que no alcancé a decirle cuanto se lo agradezco. Kiko, nacido peruano y nacionalizado español, aunque más chileno que muchos de nosotros, me mostró además el Perú profundo, el que no sale en las fotos, con un cariño por su tierra que nunca dejó de sorprenderme. Creo que nunca he comido tan bien, de paso sea dicho, como en esas vacaciones en las playas cercanas a Lima.


Kiko vivió una vida intensa, y pasó por casi todas. No voy a dar detalles, pero diré solamente que estuvo abajo y arriba -en distintos aspectos- siempre con la frente en alto y una mirada de esperanza. Amó, viajó, disfrutó, comió, tomó, cocinó y quizás, especialmente vió, mucho más que cualquiera de nosotros. Pero eso no lo convirtió jamás en una persona altanera o desafiante. Por el contrario, con la madurez encontró el sentido de la sencillez, la paciencia y la delicadeza.
Un tremendo anfitrión, un genial invitado, un enorme amigo.
Hoy estoy muy triste, pero Kiko no querría que lo estuviera, así es que voy a ser fuerte para él.


Voy a cuidar de su mujer y de sus hijitas, como le prometí hacerlo un par de días antes de su muerte. Lo digo públicamente para que cualquiera me lo enrostre si llego a no cumplir o cumplo mal…
Me vine a un subterráneo a llorar estas palabras, y ahora retomo mi vida, para honrar a Kiko. Espero llegar a tener la mitad de su vitalidad y alegría de vivir algún día.


Amigo, qué lindo día hemos tenido hoy, verdad?
Qué bueno que no te pusieron corbata al ponerte en tu residencia definitiva.
Siempre odiaste las corbatas.
Hasta siempre,

Rodrigo

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