INVENTARIO PROVISIONAL: EL NUEVO LIBRO DE BRUNO.


Con Bruno Podestá somos amigos por más tiempo del que podemos recordar.

Amigos de colegio; de ésos que nada te piden porque lo verdaderamente valioso que tenemos es la amistad sin condición alguna.

Es curioso, pero Bruno y yo somos amigos con intermitencias de trato pero de afectos largos e intactos. Cuando él está en Lima y nos encontramos, retomamos de inmediato el hilo de alguna conversación inacabada.

Al enterarme de la publicación de su libro, mi mail de felicitación decía que lo envidiaba- sanamente es cierto- porque él se daba tiempo para hacer lo que yo circunnavego desde hacía tantos años. El carácter de mi amigo le ha permitido, metódicamente, publicar mucho; mientras que yo he dispersado mis escritos y siento que me costaría menos volverlos a teclear que reunirlos.

Pero basta de prolegómenos. Lo que quiero decir es que he disfrutado mucho de ése libro. He conocido más a Bruno y ahora voy por una segunda lectura pausada, luego de haberlo leído de un tirón. En realidad de dos tirones: uno muy corto, en una mesita de la librería «El Virrey» frente a un café que amablemente me invitó Chachi Sanseviero y el otro más largo y que duró toda la tarde del domingo.

Las historias de tíos y primos sicilianos, de Chucuito, del colegio, de los amigos comunes, de Pittsburg y tantos otros hitos que jalonan la vida de mi amigo han sido una revelación. Bruno, con su tranquila sonrisa es una caja de sorpresas, un baúl de mago. Claro, uno piensa que muchas cosas deben haber pasado en los años de su vida, pero conozco personas que se bandean con tres fechas importantes y dos anécdotas pasables: las necesarias para lenar un folletito trunco. Penetrar en su universo y acompañarlo en viajes y peripecias me ha hecho recordarlo en el colegio, generalmente impecable aún después de los más furiosos recreos.


. Curiosa,  la memoria se ha puesto a rabajar y estoy seguro que no descansará hasta completar cuadros y escenas; justamente lo que Bruno hace en un libro que me sorprendió con su empezar abrupto que me hizo maliciar un ejemplar fallado y reclamar por uno al que no le faltaran las páginas de inicio. Este ametrallamiento de imágenes no me dejó soltar el libro salvo en una oportunidad en la que me concedí cerca de una hora para soñar sobre lo leído, lo vivido y lo compartido.

Bruno es calmo, vive en una ciudad en la que «hasta los huecos de las calles tienen historia» y reputada como tranquila en nuestro continente. Pero como bien dicen «…del agua mansa líbreme Dios, que de la otra me libro yo»; lo de mi amigo es superficial. Debajo hay un océano incógnito cuyas mareas atraen a la luna y no al revés.