LAS BALAS DE AYER


duelo

Imagen:  http://projeto.lendas.zip.net/

El post anterior lo escribí rápidamente y con el ruido de los balazos aún resonando en mis oídos.

Investigado el asunto someramente, parece ser que asaltaron a un vecino y a su esposa, dispararon; finalmente les robaron el auto y según cuentan, hirieron a la mujer.

No sé  la veracidad absoluta en este caso pero el asunto de la inseguridad permanece.

No se trata de ser pusilánimes ni de ver amenazas por todas partes, pero el tema es más que evidente. Y si de la seguridad tiene que ocuparse el ciudadano mismo, esto se convierte en el Lejano Oeste; cada uno con su Colt Frontier, preparado para lo que venga y encerrándose en un fuerte al menor asomo de peligro.

Dónde anda la ministra del interior (antes se llamaba ministro de gobierno y policía)? Dónde la policía que debería patrullar asegurando la tranquilidad con sus rondas disuasivas?  Es que debemos confiar absolutamente en un serenazgo que no es sino personal de apoyo (y a veces integrado por algunos delincuentes que se aprovechan de su condición y respaldo municipal)?

No somos los ciudadanos los que elegimos y mantenemos con el pago de impuestos a las autoridades y al andamiaje de los diferentes estamentos del gobierno (municipalidades, gobiernos regionales, parlamento y un largo y frondoso etcétera)?

Entonces no entiendo cuál es la razón por la cual los ciudadanos son la última rueda del coche.

No se les consulta, se les maltrata y cualquier individuo uniformado y con un nanogramo de poder (o sin uniforme pero creyéndose el hueco del queque, porque alguien le dijo que «podía») quiere ejercer una arbitraria autoridad exigiendo identificaciones, preguntando datos personales y asumiendo una representación que no pasa de ser la del empleado.

Hace falta autoridad y orden. Pero la verdadera autoridad No aquella de mentira que sale de uniformes inventados, votaciones mínimas, poses y bravatas. Se requiere el orden que dicta la razón.

Mientras sigamos como estamos, iremos como dicen que hacen los lemmings: corriendo hacia el suicidio colectivo.

Es terrible cuando las balas, los carajos y las mentiras reemplazan al lenguaje que a los hombres nos diferencia de los animales.