EL CHUPONEO EN PUBLICIDAD


prism-ticos-t10102

Hace muchos años, trabajando como redactor en McCann Erickson,  habíamos terminado una campaña y la dejamos lista después de la revisión, puesta alrededor de la oficina del Director Creativo, Tato Gómez de la Torre.  Eran bocetos acabados, presentados en cartón maqueta y teníamos todas las piezas exhibidas.

Bajamos a almorzar y por ésas casualidades de la vida, yo volví a la oficina de Tato, porque había olvidado algo. Al entrar pude ver que en la terraza exterior había alguien fotografiando… ¡el interior de la oficina!

Salí a toda velocidad, pero el fotógrafo había desaparecido.

Nunca supimos quién  era, pero evidentemente la persona estaba registrando la campaña.

Trabajando en Kunacc, años después, Charlie Blas, nuestro fotógrafo, llegó a la agencia  con signos evidentes de haber peleado y con un arte final, el cual había disputado con un tipo aparentemente loco que se lo llevaba. Nos contó su odisea para quitarle la pieza publicitaria y allí se descubrió que era un boceto desechado en la basura que el orate había recogido porque le gustó…

Dos extremos y dos ejemplos.

Uno, de temprano “espionaje” y otro de verdadero descuido.

El pasar secretos al enemigo no es materia sólo de guerras o de organizaciones de países. Los secretos que valen millones de millones en la industria y los negocios se trafican en todas partes del mundo.

Hay gente especializada que compra desperdicios de oficina por encargo, para seleccionar aquello que interesa; otros graban conversaciones telefónicas o intervienen los correos electrónicos. A un industrial conocí yo hace muchos años que tenía intervenido el fax de su competencia. En general, se escucha, se graba y se filma todo aquello que pueda reportar ganancias y arruinar del todo o un poco al contrario.

Ahora, algunos casos son puestos en evidencia. Se “descubren” organizaciones dedicadas a “chuponear” a los ciudadanos con fines diversos. Desde el aprovechamiento hasta el chantaje.

En nuestro tema publicitario, hay múltiples anécdotas que ilustran cómo se puede manejar información valiosísima, sin darse cuenta de su valor. Muchas veces, conversaciones en apariencia inocentes, son escuchadas por oídos inconvenientes y transmitidas para ser utilizadas por el contrario.

Un par de tragos demás, hablar más de la cuenta o fanfarronear acerca de lo hecho, pueden provocar una catástrofe. Siempre hay competencia lista para abreviar los pasos necesarios y llegar antes.

Se dirá que esto es un tema un poco paranoico, pero si nos ponemos a pensarlo cuidadosamente, veremos que en cada campaña de publicidad se juega mucho dinero y a veces el futuro de productos o servicios.

Allí las ideas valen muchísimo más de lo que el redactor, director de arte, productor o ejecutivo creen. Esas ideas, insisto, pueden cambiar de manos y hacer destrozo y medio.

Recuerdo hace tiempo, que alguien de redacción de la agencia donde yo trabajaba, “hizo llegar” las copias de una campaña completa aprobada por el cliente, a la competencia; rápidamente ésta se adelantó con su producto y nos quemó la película. Lo descubrimos al ver los comerciales en TV.

Es un mundo que se ignora o se finge ignorar pero que existe. Aquí y en todas partes.

Lo que sucede es que también tenemos que tomar nuestras propias medidas de seguridad. Es cierto que los secretos de una campaña de fideos pueden no tener la  importancia de los planos de un cuartel; sin embargo el hecho es el mismo y las consecuencias, en escala, iguales.

El viejo dicho “en boca cerrada no entran moscas”, así como “uno es dueño de lo que habla y esclavo de lo que calla’, son sabios. Hay que aplicarlos siempre. Especialmente cuando uno está con  quienes no conoce o donde no sabe quién escucha.