LA ITALIA XENÓFOBA


Curiosamente uno de los países europeos más famosos de la historia por su expansión conquistadora cuando no era la Italia unificada, sino Roma, que esparció tropas y colonos alrededor del Mediterráneo y mucho más allá convirtiéndolos en “ciudadanos” de diversas ciudades en un mundo que los veía avanzar sin pausas y anexionar territorios y reinos (para dejar de ser “extranjeros”) es hoy gracias a una ley que afecta a más de un millón de inmigrantes sin papeles, dictada por el señor Berlusconi, zar de la TV y “self made man” con un pasado oscuro y un presente borroso, un país de exclusión y miedo.

Italia, la bella Italia de la cultura; la Italia con una Roma “Citta Aperta” en el cine; aquella del “Todos los caminos conducen a Roma” ha cerrado sus puertas y da la espalda al mundo.

Un reportaje de “La Nación” Argentina, lo dice todo.

ROMA.- “Espero que no me agarren ahora… No he ahorrado lo suficiente.” Ojos negros, pelo oscuro, tez aceituna, Teresa, una ex empleada municipal de La Paz que trabaja de niñera desde hace cuatro años, ha cambiado de rutina. Ya no va todos los domingos a Piazza Mancini, donde se reunía con otros bolivianos; tampoco a la estación de Termini ni al parque que hay detrás del Coliseo, zonas de encuentro de extracomunitarios que ahora lucen vacías.

Como la mayoría de los extranjeros sin papeles que hay en Italia -estimados en más de un millón y medio-, Teresa, de 38 años, siente pánico.

Desde que Silvio Berlusconi anunció, la semana pasada, un durísimo paquete de medidas para combatir la inmigración ilegal -que se convertirá en un delito-, su gran pesadilla es caer en una redada contra clandestinos. Y que la manden de vuelta a su país, expulsada, sin haber conseguido el dinero que necesita para ayudar a su madre ciega, para construir el segundo piso de su casa y para enviar a sus tres hijos a la universidad.

Como la de muchos extracomunitarios -peruanos, filipinos, ecuatorianos, rumanos-, la situación de Teresa es paradójica.

“La señora de la casa donde trabajo ha intentado regularizarme en el último flujo -cuota de inmigrantes que Italia deja ingresar gracias a la existencia de un trabajo legal- y justamente por eso estoy más asustada: las autoridades saben que existo, cómo me llamo y dónde trabajo, y que soy ilegal. Es más fácil que vengan a buscarme a mí para expulsarme, y para ponerle una multa a mi señora, que me paga en negro”, explica a LA NACION, mientras juega en una plaza con Lorenzo, el chiquito de tres años que cuida como si fuera su hijo.

Así como miles de empleadas domésticas, niñeras y cuidadores de ancianos -aquí llamadas badanti – que viven con miedo de ser echadas del país, miles de familias italianas temen perder sus ayudantes en el hogar, que cumplen una tarea fundamental.

“Si expulsan a Ernestina, la chica peruana que cuida a mi madre de 85 años y semiparalizada, me muero. ¿Cómo hago para encontrar a alguien de confianza como ella, que conoce a mi madre y sabe cómo tratarla?”, se preguntaba desesperada Ornella, una abogada de 45 años de Milán, en un programa de televisión que trataba la cuestión de los cientos de miles de sin papeles que realizan trabajos honestos.

Más allá de que Berlusconi ganó las elecciones de abril en forma contundente justamente porque prometió mano dura contra los clandestinos, después de conocerse sus medidas antiinmigración -criticadas por ser rayanas al racismo y a la xenofobia- crece la corriente de italianos que cree que deben ser exceptuadas las niñeras, empleadas domésticas y las cuidadoras de ancianos sin papeles. Personas que con la nueva ley de Berlusconi pasarían a ser consideradas delincuentes.

Incluso Mara Carfagna, ministra de Paridad de Oportunidades del ejecutivo del Cavaliere , ex vedette famosa por haber posado desnuda en almanaques, defendió a esta categoría.

“Italia viviría un drama socio-asistencial, porque Italia es un país de ancianos, pero también de quienes los cuidan”, advirtió.

Planos distintos

Carfagna no es la única del gobierno de derecha de Berlusconi que está en favor de que se apruebe una denominada “norma salva badanti “.

El mismo ministro del Interior, Roberto Maroni, en los últimos días reiteró que “firmeza” para prevenir no significa “poner en el mismo plano quien viene al país para cometer delitos, quien viola a una mujer o asalta una casa y quien viene para desarrollar una tarea social como la de los badanti , por lo que haremos distinciones”.

Más allá de estas palabras, hay miedo entre las niñeras, empleadas domésticas y badantes sin papeles de esta capital, estimadas según algunas asociaciones en aproximadamente unas 100.000.

Y resulta lógico, visto el clima de intolerancia que reina últimamente en Italia, sobre todo después de la ola de violencia que se registró en contra de los gitanos en Nápoles. En los últimos días, de hecho, hubo episodios que hicieron aumentar la alarma.

El sábado último, por ejemplo, unas 20 personas armadas con palos y con el rostro cubierto asaltaron negocios manejados por extracomunitarios en el barrio de Pigneto, de esta capital.

La furia contra los extranjeros se desencadenó después del robo de una cartera sufrido por una vecina de la zona.

Una rumana que vive desde hace ocho años en Italia y que trabaja como mediadora cultural, por otra parte, fue insultada el miércoles mientras viajaba junto a su hijo de 15 meses en un autobús de la capital: “Gitana de m…”, le dijeron, según denunció.

Hasta Kledi Kladiu, un albanés famoso por ser instructor de danza en un popular programa de TV, fue agredido e insultado por tres hombres que le espetaron: “Albanés asqueroso”.

No por nada la sección italiana de Amnistía Internacional, al hacer alusión a la “erosión de los derechos de todos”, consideró que “Italia puede convertirse en un país peligroso, hoy para los gitanos y los rumanos, mañana potencialmente para todos nosotros”.

Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia

FUENTE: “LA NACIÓN” ARGENTINA