JULIO ROMERO VISCONTI


Estuve buscando una fotografía de mi amigo Julio para ilustrar este post, pero todas las que tenía desaparecieron cuando mi laptop perdió la memoria. Entonces me di cuenta que mis recuerdos eran mucho más poderosos que una imagen y decidí que Julio merece mucho más que una fotografía que lo retrate.

Con Julio nos unían muchas cosas: la lectura omnívora, el whisky, la conversación, la risa y la profesión. En realidad nos unía algo que lo resume todo y que se llama amistad.

Hace muy poco escribí un post sobre el aniversario de Cine70 y Alfonso Maldonado. Y es así que miro la vida y encuentro que soy verdaderamente rico en amigos y me siento muy feliz de que así sea y que ellos sean hombres y mujeres buenos que aún están por aquí o se fueron adelantándonos.

Nos reuníamos en el Haití de Miraflores, a fumar, leer noticias y tomar café, todas las mañanas de lunes a viernes, temprano, mientras el fué Presidente de McCann Erickson y yo Director Creativo de JWT. Éramos competencia y nunca hablamos de negocios, porque ésos quedaban detrás de las puertas de nuestras oficinas; la de él cerca al mar y la mía con vista al zanjón.

Es curioso, pero hablábamos muy poco, respetando cada uno el silencio del otro, con sólo algún comentario a sucesos que nos parecían destacados. De 8 a 9 de la mañana compartimos por varios años el silencio y el ordenar mentalmente nuestro día .


Luego, mucho después, nos uniría aún más el IPP, que con Alfredo Goitre sacaron adelante. Allí, en 1985 empecé haciendo mis primeras armas como profesor y compartiendo con los amigos ésa maravillosa aventura que es enseñar.

Podría escribir tanto sobre Julio; su humor, sus indirectas, su amor por la familia, su bonhomía, su apasionamiento, su divertida terquedad y su maravilloso don de gentes. Podría llenar carillas con anécdotas que nos hicieron reír tanto, con las noches pasadas con más de un whisky en mano al calor de la chimenea de su sala, con las historias del “Pedacito de cielo”, el Dodge azulino que McCann le daba.

Es que Julio era Julio y será Julio para siempre. Para mi es el amigo que hace falta, el conversador incansable, el consejero acertado y el escucha atento.

No quiero dejar de recordarlo como era. Porque aún con su bastón de los últimos tiempos, su dificultad para caminar -él, caminante incansable- y los problemas propios de una enfermedad que avanzó hasta llevárselo, Julio era el aliento mismo de la vida.

Julio, tus amigos te recuerdan. Yo además te extraño.