TAXIS


 

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Desde que me dio el infarto cerebral y quedé ciego, a pesar de haber recuperado ahora un 30% de la visión, gracias a neuronas caritativas que no son especializadas, porque las que se hospedaban en la zona occipital del cerebro, es decir las dedicadas a la visión murieron, decidí que no manejaría más por verdadera imposibilidad… visual.

Eso ha hecho que de chófer me convierta en pasajero. Pasajero de taxis que al principio, inseguro, arrendaba de modo permanente para que me llevaran a las reuniones y me recogieran. Finalmente decidí, por economía y para dejarme de melindres, estirar el brazo, parar un taxi, negociar el precio y dirigirme a mi destino.

A veces llamo a taxis de compañía, especialmente si no conozco el lugar y no sé como he de regresar o si es muy tarde y aún continúo en una reunión. Allí prefiero saber que alguien me espera para volver a casa tranquilo.

Pero durante el día abordo vehículos que van desde el amarillo SETAME, hasta los parchaditos multicolores. Trato de no subir a un Tico, pero si la distancia es muy corta y el tiempo apremia, lo hago, a pesar de ver con miedo como las llantas de los ómnibus que pasamos raudos, son a veces más grandes que el taxi en que voy. Es curioso, pero a veces uno piensa que en un tramo corto no le va a pasar mayor cosa y sin embargo estoy seguro que el peligro puede estar a media cuadra si de un Tico se trata, por la normal combinación de alta velocidad y casi total desprecio a las reglas de tránsito del conductor y la ligereza y desprotección de un carrito que no está hecho para la tan mentada jungla de asfalto. Es una especie de monito tití en el reino de los gorilas.

Mis aventuras «táxicas» muchas veces devienen en tóxicas por el humo que inhalo y entra por ventanas abiertas, malogradas o rotas, son múltiples; como múltiple es el parque automotriz que «hace servicio».

Los taxistas podríamos dividirlos en taxistas profesionales, taxistas aficionados y taxistas de oportunidad.

Los taxistas profesionales se agrupan en empresas que se interconectan por radio y de las que uno puede solicitar servicios vía teléfono (que suele estar ocupado el 90% del tiempo, especialmente cuando se está apurado); también están los ya mencionados SETAME o taxis pintados de color amarillo, con una calcomanía que indica el nombre del propietario de auto, que por lo general resulta ser una mujer aunque el que maneja sea hombre.

Luego están los que mantienen su vehículo sin afiliación conocida, pero son de servicio público, es decir que se dedican a hacer taxi de manera habitual, conocen las calles y tienen el auto o camioneta en buen estado.

Estos taxistas profesionales no necesitan preguntar por las direcciones que les damos, tienen y saben usar una guía de calles y manejan generalmente bien. Tratan de no cometer infracciones porque saben que va en desmedro de su trabajo.

Los taxistas aficionados, la segunda categoría, son legión. Los hay de todo tipo, pero la mayoría son profesionales desempleados o empleados sin empleo. Hacen taxi como un modo de subsistir y son propietarios de su vehículo o alquilan uno para «taxear», nombre que ha derivado en verbo. Los Thurn Und Taxis han visto convertido su apellido no sólo en parte de la vida diaria moderna, sino en pieza de este nuevo idioma que «apertura» puertas y ciclos académicos; que (pecado mío de lenguaje a veces) «bloguea»; que «internaliza», «renderiza» y «chatea».

Los taxistas aficionados necesitan llevar (como todos) pan a sus casas y pelean a veces a los pasajeros como si fueran combis asesinas. Cruzan bermas centrales, cortan camino por atajos inenarrables y eligen rutas que parecen darle la vuelta al mundo para evitar tres semáforos o una calle congestionada. Conocen poco las calles y llegan preguntando a las más difíciles de ubicar. La guía de calles es una necesidad insatisfecha, hablan por el celular manejando con una mano y charlan sobre política, problemas económicos o temas profesionales.

Más de una vez, signo de los tiempos, he sido conducido por ingenieros, maestros, médicos, policías, amas de casa y un largo e insospechado etcétera de profesiones. Una vez he llegado llevado en taxi por un inventor ganador de un premio al invento en Suiza a dictar mi clase de…Técnicas de Razonamiento Creativo en la Universidad. Me entusiasmó tanto su conversación que lo invité para que en mi siguiente clase participara contando sus experiencias a mis alumnos. Estos no pudieron creer que tenían delante a un verdadero inventor, ganador de un premio en Suiza y que hacía taxi porque aquí nadie se interesaba por sus inventos.

Finalmente están los taxistas de ocasión. Es decir aquellos que «completan» un poco de plata que necesitan, o sacan para la gasolina o el petróleo llevando pasajeros por zonas a donde ellos van. No se arriesgarán a salir de la ciudad ni por barrios desconocidos. No entrarán al centro y dudarán al dar la tarifa preguntando «normalmente cuánto le cobran a usted?», para ver si les conviene o siguen su camino. Aquí hay de todo. Desde hijos de papá con la radio a todo volumen y el auto evidentemente obsequiado por ingreso a la universidad o «robado» al papá para agenciarse unos soles, hasta jubilados que matan el tiempo, conversan un poco y hacen un extra.

He dejado fuera y para el final a los delincuentes. Esos que como buitres esperan que alguien suba, lo tasan y después lo asaltan para sacarle plata de las tarjetas de crédito o cosas peores. Suelen actuar en grupos de dos o tres y son el terror de cualquier pasajero o pasajera que no esté prevenido.

Mucho se podría hablar de los taxistas limeños y sus especiales características. En Londres, el gremio de taxistas se renueva gota a gota conforme van muriendo los titulares. Cada taxista tiene que conocer al dedillo las calles y las rutas y dar exámenes de manejo, conocimientos de mecánica, cortesía y por supuesto reglas del tránsito. Son verdaderos guías y están orgullosos de ser taxistas.

Ojalá, en algún momento del futuro, nuestros taxistas lleguen aunque sea a un 40% de éso y no baste hacer cambios de luces para avisar al posible pasajero y tener un casquete plástico con imán pegado al techo para ser un Taxista con mayúscula.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.