PERDER


 

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Hay que saber perder, dicen.

Y ahora me tocó a mi, porque la computadora que uso diariamente para preparar clases;  en la que escribo los blogs, donde recibo los correos, es decir aquella donde está archivada mi vida cibernética tuvo un paro cardíaco y a pesar del uso de resucitador se negó a seguir adelante. Es decir, murió.

Y el backup o copia de respaldo que estaba seguro de tener en mi disco duro externo (previsor yo, compré uno de 160 gigas), por algún misterio no existía y claro (tonto yo), creyendo que sí y sin verificar, con el técnico borramos todo y se reinstaló lo necesario con los discos originales. Al tratar de pasar mi información a la máquina, me di con la desagradable sorpresa de no encontrar nada, salvo un archivo del año pasado de la computadora de casa.

Es decir que ahora lloro mi pérdida.

Esto, que debe haberle pasado a mucha gente, nunca creí que me iba a suceder; pero la ley de Murphy es infalible y si algoPUEDE salir mal, VA a salir mal. Y salió mal, haciendo honores a Murphy.

Entonces me encuentro con mi laptop a la cual se le murió la mitad de la memoria, que funciona OK con la parte que queda, que tiene los programas originales…Y que ha perdido 2 años de datos, fotos, documentos y chiches varios. Es decir, todo.

He perdido a Jacuzzi Martínez (al que tal vez pueda rescatar de algún escrito o CD grabado), mis fotografías, mis archivos de artículos sobre comunicación, política, publicidad & otros.

En realidad es como si nuestro boleto ganador de la tinka se hubiese caído al excusado y sin vacilar ni darnos cuenta, hubiésemos hecho pasar el agua y enviado nuestra suerte por el desagüe.

Ahora, sin recuperarme totalmente del golpe, debo reconstruir aquello que sea factible . A cada instante echaré de menos lo que usaba o almacenaba “por si acaso”. Algunos documentos gráficos valiosos para mi he perdido. Otros quedan repartidos en un USB y en algunos CD’s. Pero lo esencial ha partido en un viaje sin retorno y debo acostumbrarme.

Para quien se fue volviendo un compuadicto a la hora de hacer cosas de comunicación a distancia, es como la muerte de un ser querido. Un naufragio sin sobrevivientes. Un hecho que resulta difícil de explicar a los demás…y a uno mismo.

Sin embargo, como soy persistente, haré lo necesario para recuperar lo recuperable y lo que se haya ido si queda en mi memoria personal, será material para volver a edificar. Lo demás está allí, en el limbo cibernético, haciendo compañía a los programas que se evaporaron de la computadora por la acción de un botón equivocado o a los correos que alguien nos envió  y nunca recibimos.

Escribo con pena por lo perdido, pero con la alegría de poder seguir haciéndolo.