CONVERSAR


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Conversar es un arte que se va perdiendo poco a poco, como tantas cosas en esta vida.

A veces parece que escribiera sobre lo que se va, pero resulta que cuando uno hace funcionar la cámara de los recuerdos saltan tantas cosas que parecen pertenecer al pasado, que no queda más remedio que citarlas.

Estoy seguro que más de uno pensará que estoy equivocado y que la conversación no morirá jamás. Y es cierto. Parcialmente cierto, porque desde hace un tiempo las condiciones para que una buena conversación se desarrolle han ido menguando en diferentes lugares.

La conversación de sobremesa por ejemplo, se hace difícil si no imposible con el ritmo actual que no permite reunirse a la familia a almorzar o cenar y luego estirar un poco el tiempo con la satisfacción de estar en familia, precisamente,  y poder contar las cosas que toda familia comparte (o compartía).

Ahora todos corremos porque hemos que llegar a tiempo a algún sitio, o tenemos almuerzos de negocios o cocteles o cenas; o simplemente nos quedamos por ahí con los amigos y regresamos tarde, con la mayoría en casa, ya durmiendo.

El antiguo desayuno suele haberse convertido en un café rápido o un yogurt bebido a la velocidad del rayo para salir pitando a la oficina, la universidad o el colegio. ¿Conversación? Imposible. No hay tiempo.

Permanecen, es cierto, las conversaciones alrededor de unos cafés en algún restaurante. Pero basta que uno mire el reloj para que los demás recuerden citas y urgencias, dejando la conversación para otra oportunidad…que tal vez no llegue.

La conversación, ése intercambio de datos, opiniones, consejos y varios, se da poco. Ya sólo los viejos juegan al rocambor, donde la conversación fluía mientras se hacía juego sin descuidar a los contrarios.

Recuerdo todavía una campaña de cerveza Cristal, fruto de la creatividad del “Cumpa” Donayre: “Conversa que te conversa”. Claro, uno “conversaba” unas cervezas haciendo que el tiempo pareciera un chicle de lo elástico que era. Hoy la cerveza “pasa bien”  y alguna tan rápido como para prepararse a la juerga.

Recuerdo la expresión ” se quedó conversando con su sombra” , para denotar abandono.  Ahora a los que antes se les llamaba conversatorios se les titula foros. Hasta el término se va desvaneciendo.

Sin embargo queda mucha gente con ganas de conversar y no “chatear” banalmente a través de la computadora. Gente que valora el cara a cara con cosas interesantes dichas, anécdotas contadas y enseñanzas aprendidas. Las viejas tertulias que eran conversatorios de grupo, poco a poco han desaparecido con su informal formalidad.

Para muchos, el fogoso orador grecorromano Tertuliano presta su nombre a ésa institución que parece haber empezado en el siglo de oro español, en los cafés.  La tertulia, hoy bastante restringida es una “rara avis”.

La velocidad está matando a la conversación. La velocidad que no nos deja espacios, que aborrece los puntos muertos y que nos hace llegar a tiempo para cumplir con tareas prescindibles. Y ahora, sin tiempo para hacerlo, conversar parece haberse convertido en un dispendio, en algo accesorio que suele dejarse para después…cuando haya tiempo.

Y de pronto nos encontramos con que el tiempo se acabó y sonó el pitazo final, con el resultado de no haber dicho tantas cosas que nos hubiera gustado decir a alguien y sin haber podido contrastar opiniones relajadamente.

El tiempo apremia. Pero no podemos dejar que no nos permita conversar aunque sea un par de cervecitas.