
A veces dan ganas de iluminar los rincones para que las sombras y la oscuridad se retiren y podamos ver que, como las cucarachitas de cocina cuando se enciende la luz, ciertos personajes y costumbres huyen para desaparecer.
Por ejemplo, en un programa de TV, se muestra cómo un conocido congresista le arruina la vida a un Maestro y Chofer de Taxi, que entre lágrimas de impotencia trata de explicar que él no tiene nada que ver con lo que una comisión (estoy tentado a llamarla comicción, inventando una palabra que significaría meada comunitaria) ha decidido investigar. Que él no conoce para nada el tema y que a pesar de idas y venidas no sólo no lo reciben sino que unos pobres e increiblemente auto-empoderados empleados de un devaluado congreso, lo zarandean en sus derechos ciudadanos.
Y que, además, ahora la policía lo ha citado como sospecho de terrorismo (léalo bien: TERRORISMO).
Sólo cuando una cámara con su respectivo periodista interviene, el cogresista bigotudo y minúsculo se “aviene” a hablar. Y cuando le ponen delante al agraviado, ni siquiera lo mira, para negar su responsabilidad. Ése señor aparece, en una rapidísima búsqueda en Google (0.28 segundos) , con aproximadamente 30,900 entradas, la mayoría de ellas no muy santas. Y cosa curiosa, pertenece a una organización que lleva el título de “Solidaridad Nacional”, aunque suene a broma.
En este país de sombras, los escogidos por votación se sienten verdaderos Elegidos, Seleccionados, Ungidos. Se creen la última chupada del mango y ningunean a los ciudadanos a los que dicen representar. No todos, es cierto; pero muchos parecen tener no inmunidad sino impunidad. En realidad resultan inimputables pero por las razones que ya se saben. Y ellos?: inmutables.
En el mismo programa vemos como los estudiantes de medicina de San Fernando (UNMSM), practican cirugía en canes que han sido robados a sus dueños. El robo es un delito, pero en este caso sólo es agravante para un hecho inhumano y que se debate en todo el mundo civilizado: el uso de animales para “pruebas medicinales” que beneficien al hombre.
Digo yo, si alguno de estos jóvenes proto-médicos no empezará así su carrera de ningunear pacientes y la ejercerá creyéndose omnipotente en el desprecio, considerándolos tan solo una fuente de ingresos o una molestia necesaria en el ejercicio de su profesión. Médicos que confunden el Juramento Hipocrático con el ser unos hipócritas juramentados?
Hoy, “El Comercio” menciona el tema. Se habla de sanciones y sin embargo a la dueña de “Tomás”, que salvó a su mascota sacándola de una mesa de operaciones en el hospital Loayza, fue acusada de robo de microscopios por la responsable del lugar donde se “practica” con animales, en “bien” de los humanos. Terminó en la comisaría.
Y allí también pudimos ver cómo empleados uniformados cerraban rejas y negaban que se filmara, de la manera que estos especímenes usan al sentirse dueños del poder. Individuos que creen que pueden avasallar a las personas porque tienen un uniforme, un disfraz. Este es un tema que se repite en las urbanizaciones con reja, en las puertas de los edificios, en las dependencias públicas y casi en cualquier lugar donde la palabra “seguridad” ampara el atropello. Escudados en qué?: en compañías tan privadas como cualquiera, que han sido contratadas para eso, brindar seguridad y que lo que hacen es dotar a personas comunes y corrientes de un seudo poder, dándoles a veces un arma, para alquilarlos por horas.
Y finalmente, Pisco. El sur chico.
Aquí hay tanto por decir que ya parece la repetición de la repetidera. Dos años de sombras dentro de las cuales medran ladrones, ratas, cucarachas, sinvergüenzas, asesinos y toda laya de escoria. Sombras alentadas por la ineficiencia y la indiferencia. Alentadas por un afán de lucro que lo descalabra todo. Sombras que expelen a todos los que quieren hacer algo. Sombras que absorben la ayuda material y la desaparecen para distribuirla en alcantarillas, lupanares y basureros, donde el mal sonríe y se felicita de un faenón extraordinario.
“Luz, más luz!” parecen haber sido las últimas palabras de Goethe antes de entrar en su agonía final. Que ése pedido no preceda a la muerte en el caso de nuestro Perú; porque a pesar de los éxitos innegables, la mentira falsea los hechos y trata de hacernos creer que todo está mejor que la realidad. Nuestra triste realidad, como dice mi amigo Juan.