Reflexiono sobre como se puede pasar de la alegría más grande, al dolor profundo.
Después de terminar y subir el post sobre Salvador, al revisar el correo, me encuentro con la terrible noticia del fallecimiento de la hija de Marcial. Marcial, mi amigo de toda la vida: El hijo ejemplar, el pianista dedicado, el estudiante modelo, la risa franca y pronta, el hombre intachable, el profesional íntegro, el que ha encarado problemas y desgracias íntimas… A él, un nuevo golpe le cae y yo lo siento tanto que escribo esto hoy, para dejarlo reposar y ver si así mi pena amaina un poquito. Intuyo lo que él debe sentir y me duele.
Pensaba sobre el pase inmediato de la alegría a la tristeza, sin concesiones. De pronto una nube nos ensombrece el ánimo y claro, por un momento ambos sentimientos opuestos conviven.
Dicen que no hay dicha completa y que la búsqueda de la felicidad, no tiene fin: Es más usual encontrar el dolor en el camino. Estas dos realidades están presentes ahora en mi ánimo; pienso sin embargo que también hay alegría en un dolor así. La alegría de saber que una vida nueva se prolonga y va a residir en un lugar donde nada malo puede tocarla: No es una manera de consolarse, sino el genuino sentimiento de alegría por la meta alcanzada.
Mi pena se va transformando en alegría y de pronto quiero decirle a mi amigo, que comprendo su dolor y que lo comparto, pero que su hija está alegre porque llegó al lugar donde están todas las sonrisas, toda la música y todo el amor. Está haciéndonos un lugar para cuando nos toque ir allí: Para que viajemos con una sonrisa, porque sabemos que nos esperan y son felices.
Los dolores de la vida mi querido Manolo, como te va, como te ubico…
Hola Coco!!!!
Respondí en Linkedin, qué alegría!
Mi fono celular es el 995557041.
Un abrazo!
Manolo.