Por José Perla Anaya
Entre los protagonistas de la información que en la vida moderna desempeñan un rol especialmente relevante, a través de la radio y la televisión, se encuentran los reporteros. Podemos identificar al menos tres deberes relativos a su tarea.
Primero, el reportero tiene el deber de buscar la información y de hacerlo con afán incansable. Mientras que para cualquier persona acceder a la información es un derecho, para el reportero, a quien la comunidad ha formado y encomendado dicha tarea, informar constituye un deber profesional. En tal proceso, sin embargo, no debe olvidar que hay límites que respetar, como la intimidad, el honor, el domicilio ajeno. Es relativamente frecuente ver a reporteros que atropellan a los protagonistas y víctimas de la noticia, arrogándose el poder de obligar a que declaren o a que le abran todos los espacios que a él le parezca, bajo amenaza de convertirlos en objeto de su ira.
Segundo, el reportero tiene el deber de presentar la información en la forma más objetiva posible, para permitir el libre juicio del televidente o radioescucha sobre lo acaecido. Aunque es evidente que la subjetividad envuelve inevitablemente la vida de todos, el reportero debe estar especialmente entrenado para limitar sus proyecciones personales sobre los hechos, remitiéndose a los datos concretos de la realidad, verificables en día y lugar. Los reporteros no deben dejar que su espíritu creativo y recreativo los lleve a convertir la transmisión de información en una obra de ficción o un espectáculo. Ello corresponde a otras especialidades de la comunicación social.
Tercero, el reportero tiene el deber de recibir y efectuar las rectificaciones de la información equivocada o inexacta que difundió y debe hacerlo en forma equitativa. En nuestro país el derecho de rectificación se encuentra reconocido constitucionalmente desde hace más de diez años y está detallado en la norma legal respectiva. Pero, aunque ello no fuera sí, por ética no debería privarse a una persona del derecho de lograr que se corrija pronta y completamente el dato equivocado que afecta su vida personal, familiar, laboral, empresarial, política, o de cualquier otra índole. Aunque probablemente la decisión sobre este punto estará más en manos de la dirección periodística que en las del reportero, este debe hacer todo lo posible para que se acceda al pedido de rectificación en defensa de la verdad de la información y de la dignidad de las personas.
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